Dentro de la posada, Mochi permanecía de pie junto a la puerta principal.
Habían pasado horas desde que Haruka se había marchado con el grupo de búsqueda, y desde entonces la extra?a tormenta de nieve no había hecho más que empeorar. El viento aullaba afuera con fuerza, y la nieve golpeaba acumulaba en el exterior.
Mochi cerró los ojos una vez más, concentrándose con todas sus fuerzas. Llevaba ya varios minutos intentando percibir el éter del exterior, con la esperanza —cada vez más frágil— de poder confirmar que Haruka seguía a salvo.
—Es inútil, Miyu… —murmuró al final—. No importa cuánto lo intente, no soy capaz de sentir nada más allá de esta puerta.
Desde el principio había sabido que era una tarea casi imposible. No tenía forma de saber a qué distancia se encontraba Haruka, pero estaba segura de que no debía estar cerca. En los últimos meses, Mochi había logrado ampliar bastante el rango al que podía percibir el éter, lo suficiente como para cubrir toda la posada sin esfuerzo… pero Haruka fácilmente podía encontrarse a más de una milla de distancia.
Y aun así, ese no era el verdadero problema.
Cada intento de percepción terminaba estrellándose contra la misma barrera invisible. Mochi sentía el ambiente saturado, como si una enorme pared de niebla se alzara frente a sus sentidos, impidiéndole ver más allá. La cantidad de éter en el aire era atroz, antinatural.
Las horas pasaron lentamente. La tormenta se intensificó aún más, y con ella también lo hizo la preocupación de Mochi, que no dejaba de mirar a través de la puerta.
—No tienes que estar tan preocupada por tu amiga —dijo de pronto una voz tranquila a su lado—. Todos están bien, te lo aseguro.
Mochi se giró. Quien había hablado era una de las empleadas de la posada; la reconoció enseguida como la mujer que les había llevado la cena a la habitación.
—Todos los del grupo han vivido en esta zona desde ni?os —continuó la mujer con una sonrisa suave—. Conocen estos bosques como la palma de su mano. Además, mi novio también salió con ellos. Es muy fuerte, así que estoy segura de que traerá a todos de regreso… incluida tu amiga.
?Novio fuerte…? pensó Mochi.
Entonces una imagen apareció en su mente.
—?Tu novio es… el chef?
La mujer pareció iluminarse.
—?Exacto! —respondió con orgullo—. Es el mejor.
Mochi recordó al cocinero excesivamente musculoso que había visto antes, imposible de olvidar incluso en circunstancias normales. él también se había unido al grupo de búsqueda.
—Me llamo Kaori. No te preocupes tanto, de verdad.
Mochi asintió. Hablar con Kaori la ayudó a distraerse un poco, y por unos minutos logró apartar la ansiedad que le oprimía el pecho.
—?Senpai, mira! —dijo de pronto Miyu, se?alando hacia el exterior—. ?Allí…!
Mochi alzó la vista.
—Sí… tienes razón. Son luces. Deben ser ellos… ya están regresando.
Stolen story; please report.
En la oscuridad del bosque se distinguían varios puntos luminosos, sin duda las linternas del grupo de búsqueda. Al verlas, las demás empleadas se acercaron rápidamente a la puerta, conteniendo la respiración, ansiosas por saber si habían logrado encontrar a Rin.
Sin embargo, la esperanza se desmoronó en cuanto el grupo entró a la posada.
La búsqueda no había dado resultados.
Y eso no era lo peor.
Haruka no estaba con ellos.
Según explicaron, se había separado del grupo poco después de dejar la posada… y no habían logrado encontrarla tampoco.
Al oírlo, las fuerzas abandonaron a Mochi de golpe. Sus piernas flaquearon y se tambaleó hacia adelante, pero Miyu reaccionó a tiempo y la sostuvo antes de que cayera.
El pecho de Mochi se sentía apretado, como si le faltara el aire. La preocupación se mezclaba con una culpa amarga: lo último que había hecho con Haruka había sido discutir. Esa idea no dejaba de repetirse en su mente.
—Tengo que ir a buscarla… —murmuró, forcejeando para soltarse.
Desesperada, intentó dirigirse hacia la puerta, pero Miyu la sujetó con más fuerza.
—?Senpai, detente! ?No te das cuenta de lo peligroso que es salir con este clima? Además… ?cómo encontrarías a Haruka-san? ?Vas a buscar a ciegas en medio del bosque? Solo te perderías tú también.
Mochi apretó los pu?os, incapaz de responder. En ese instante—
La puerta principal se abrió de golpe.
El sonido interrumpió la discusión y todas las miradas se dirigieron hacia la entrada. Allí estaba Haruka.
Entraba con paso tranquilo, como si acabara de regresar de un simple paseo nocturno. Sin embargo, un corte visible atravesaba su brazo, y la sangre manchaba la manga de su abrigo, destacando de forma inquietante contra la tela clara.
—Ha… Haruka… —susurró Mochi.
No perdió ni un segundo.
Mochi corrió hacia ella y, sin pensar, saltó para abrazarla, derribándola contra el suelo.
—?Agh! ?Mochi, ?qué haces?! —exclamó Haruka, completamente tomada por sorpresa.
Quedó sentada en el suelo, con Mochi aferrada a ella, enterrando el rostro contra su abdomen como si temiera que desapareciera si la soltaba.
Kaori, que estaba cerca, reaccionó de inmediato. Se alejó a toda prisa y regresó con un botiquín, mientras otros empleados rodeaban a Haruka con expresiones preocupadas, preguntando qué había ocurrido.
—Solo… me corté con una rama —respondió Haruka con calma.
Era una mentira, pero no podía decir la verdad delante de todos.
—No es necesario —a?adió enseguida, cuando intentaron atenderla allí mismo—. El corte es peque?o. Me ocuparé de esto en la habitación.
Sin dar lugar a discusión, se levantó y se dirigió hacia su cuarto, con Mochi todavía pegada a ella y Miyu siguiéndolas de cerca.
Una vez a solas, Haruka finalmente comenzó a contar lo sucedido.
Mientras hablaba, Miyu utilizó el botiquín para limpiar y vendar el corte del brazo de Haruka. Por suerte, no era profundo; al menos no requería suturas. Mochi observaba en silencio desde un costado, inquieta. La razón por la que no era ella quien se encargaba de los primeros auxilios era simple: su torpeza era legendaria, y si le dejaban la tarea, Haruka probablemente acabaría envuelta en vendas como una momia.
Cuando Haruka terminó su relato, el silencio llenó la habitación.
Ambas chicas estaban atónitas.
Dos anomalías de rango B.
Ese era el mismo rango que la anomalía de fuego contra la que Zeke había tenido dificultades. Y Haruka no solo se había enfrentado a dos… sino que además estas cooperaban a la perfección, en un terreno que les favorecía, bajo una tormenta extra?a que jugaba completamente en su contra.
Mochi y Miyu no podían imaginarse saliendo victoriosas de una batalla así.
Esa revelación les dio una nueva perspectiva.
Una comprensión mucho más clara —y profunda— de cuán poderosa era realmente Haruka.
—Lo que más me preocupa de todo esto no son las dos anomalías, sino la tormenta —dijo Haruka con el ce?o fruncido—. Nunca había sentido una concentración de éter tan grande. Es obvio que esta tormenta es artificial.
—?Artificial…? —preguntó Miyu, tragando saliva—. ?Quieres decir que hay alguna anomalía detrás de todo esto, Haruka-san?
—Aún no lo sé —respondió con honestidad—. Para empezar, una sola anomalía no podría generar algo tan grande ni mantenerlo por tanto tiempo. Podría pensarse que varias anomalías de alto rango se hayan unido para provocar esta tormenta, pero no lo veo posible. Que tantas anomalías cooperen de esa forma ya es extra?o… y aun así dudo que pudieran crear algo de esta magnitud.
Haruka dejó escapar un suspiro cansado y apoyó la espalda contra la pared.
—Preocuparse por esto ahora no tiene sentido. Aún faltan unas horas para el amanecer. Deberíamos descansar un poco. Ma?ana contactaré con la sede usando el teléfono de la posada; mi celular no tiene se?al aquí.
Las tres volvieron a acostarse, aunque esta vez en posiciones distintas. Mochi quedó en medio, mientras Haruka y Miyu se acurrucaban a cada lado.
A la ma?ana siguiente, Mochi fue la primera en despertar. Sintió los brazos entumecidos y con un ligero hormigueo. Al mirar a su alrededor, entendió la razón: tanto Haruka como Miyu estaban usando sus brazos como almohada.
Con mucho cuidado para no despertarlas, se deslizó fuera del futón. Pensó en salir al balcón para despejarse, pero apenas abrió un poco la ventana, una ráfaga de aire helado la golpeó de lleno, obligándola a cerrarla de inmediato mientras tiritaba.
Poco después, unos golpes secos resonaron en la puerta de la habitación, despertando a las demás. Haruka fue quien se levantó y abrió. Del otro lado estaba uno de los empleados de la posada, con el rostro tenso.
Les explicó que la tormenta había derribado los postes de luz, dejando el lugar sin electricidad ni comunicaciones. Además, la nieve había cubierto por completo las carreteras, haciendo imposible el tránsito. Les entregó una bolsa con le?a y les indicó que era para la estufa de la habitación, la cual normalmente solo era decorativa, pero que ahora, sin electricidad, era la única forma de mantenerse calientes.
El empleado parecía querer decir algo más, pero dudaba. Haruka lo notó y lo instó a hablar.
Tras unos segundos de vacilación, él finalmente lo dijo:
—El lago… el lago ha cambiado.
Las tres se miraron y salieron rápidamente al balcón, ignorando el frío cortante. Al asomarse, quedaron completamente sorprendidas.
El lago estaba completamente te?ido de rojo.
Un rojo oscuro, espeso, como si el agua misma se hubiera transformado en sangre.