Mochi soltó un enorme bostezo apenas puso un pie en la universidad. La noche anterior había regresado tarde a casa; después de ducharse, se acostó, pero ya pasaba la medianoche.
Parpadeó con lentitud, sintiendo que los párpados le pesaban como plomo.
—Ugh… tengo sue?o… —murmuró, tambaleándose un poco mientras caminaba por el pasillo.
De pronto, se dio unas palmadas rápidas en las mejillas.
?Paf!
—?Despierta! —se ordenó a sí misma con firmeza—. ?Tienes una misión que cumplir!
La noche anterior, Zeke le había encomendado una tarea importante: acercarse a Ami y sonsacarle información sobre el profesor Shūen. Después de todo, Ami estudiaba artes escénicas y llevaba al menos dos a?os de carrera, así que debía conocerlo bien. Además, también formaba parte de una peque?a compa?ía de teatro en la que el mismísimo profesor Shūen estaba a cargo. Si alguien podía aportarles algo útil, esa era Ami.
—Jejeje… ya tengo un plan para preguntarle —se dijo con una sonrisa confiada.
Con renovada determinación, Mochi entró al campus. Se dirigió a su primera clase y, apenas abrió la puerta del aula, vio a Ami y a Sam saludándola desde la primera fila. Ambos le hicieron se?as para que se acercara.
Mochi dudó por un momento; sentarse allí significaba ponerse justo enfrente del profesor. Corría el riesgo de que la viera bostezar… o peor, que le hiciera una pregunta que obviamente no podría responder. Pero si quería cumplir su objetivo, debía correr ese riesgo.
Con paso decidido, avanzó hasta tomar asiento al lado de Ami. Intercambiaron unas palabras sin importancia hasta que el profesor entró al aula.
Cuando la clase terminó, Mochi aprovechó la oportunidad. Se inclinó hacia Ami y le susurró con picardía al oído:
—Oye, ?qué tal tu cita de ayer?
Ami dejó escapar una risita tímida mientras se sonrojaba levemente.
—Jejeje… después de cenar, Sam me llevó a caminar por el parque de la ciudad… y allí… se me confesó.
Su voz se fue apagando poco a poco hasta convertirse en un murmullo apenas audible, pero Mochi lo escuchó perfectamente.
Ella también se sonrojó un poco, sus ojos brillando con curiosidad.
—?Y qué le respondiste? —preguntó con entusiasmo, inclinándose más cerca.
Mochi rara vez tenía la oportunidad de hablar de estas cosas. En realidad, casi no tenía personas a quienes llamar amigos. Hasta ahora solo estaban Haruka y Miyu; con Zeke aún no sabía si considerarlo amigo o simplemente compa?ero. Por eso había permanecido tan ajena al tema del romance. No porque no le interesara, sino porque nunca había tenido con quién charlarlo. Su madre estaba siempre ausente por trabajo, y ni Haruka ni Miyu mostraban interés en esos asuntos.
—Es un secreto —respondió Ami con una leve sonrisa.
—?Qué esperan las dos?... vamos a almorzar, que me muero de hambre —interrumpió Sam, acariciándose el estómago.
—Vamos, Noa —dijo Ami, apresurando el paso como si escapara de la conversación.
Mochi no necesitaba una respuesta directa; con verlos caminar hombro con hombro, más cerca que el día anterior, le bastaba para saberla respuesta.
Se adelantó con un par de zancadas hasta ponerse a su lado.
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—Ami, me enteré de que eres parte del grupo de teatro. Me encantaría unirme, ?crees que haya cupo?
Los ojos claros de Ami se iluminaron con sorpresa antes de curvarse con entusiasmo.
—?Claro que sí! Con lo linda que eres, serías perfecta para los papeles importantes... —su voz bajó de golpe y su sonrisa se desdibujó—. Aunque, bueno... desde lo ocurrido, todas las actividades están suspendidas.
Mochi reparó en cómo los dedos de Ami se aferraban con fuerza al abrigo, hasta blanquearse los nudillos.
—?En serio? Qué pena... —fingió un suspiro dramático, dejándose caer de hombros con aire de decepción—. Justo ahora que quería distraerme de los próximos exámenes...
Ami miró alrededor, asegurándose de que el pasillo estuviera vacío, y se inclinó hacia ella como quien comparte un secreto.
—Pero... si quieres, puedo presentarte al profesor ahora. Como no hay clases por el almuerzo, seguramente está en su oficina.
“Bingo”. Mochi contuvo la sonrisa triunfal que pugnaba por escaparse. En su lugar, llevó una mano al pecho con un gesto exagerado de gratitud.
—?Eso sería increíble!
Ami pidió a Sam que fuera adelantando al comedor y apartara un lugar para ellas. Mientras tanto, ambas se encaminaron hacia la oficina del profesor.
Al llegar frente a la puerta, Ami se detuvo con la mano levantada para tocar. Sus labios formaron una sonrisa forzada que no alcanzaba a sus ojos.
—Shūen-sensei es... especial. No te asustes si parece frío al principio —advirtió en voz baja.
Mochi asintió con calma, ajustando en su mente la máscara de “estudiante inocente”. Tras esa puerta podía estar la anomalía responsable de varias muertes.
Ami golpeó y, sin esperar respuesta, empujó la puerta.
Desde el umbral, Mochi observó al profesor Shūen sentado tras su escritorio. Alzó la vista hacia ellas, y en cuestión de segundos su expresión pasó de la sorpresa a una sonrisa cálida.
—?Ami! —exclamó él con un tono cálido, casi familiar—. ?Qué te trae por aquí?
—Te traje a una nueva recluta —respondió Ami con un canturreo juguetón, haciendo un gesto hacia Mochi para que entrara—. Noa quiere unirse al teatro.
Shūen la miró con amabilidad por un segundo, pero en cuanto sus ojos se posaron en Mochi, la calidez se apagó de golpe, como si hubiera cambiado de máscara. Su mirada se volvió fría y calculadora.
—El teatro no es para cualquiera —dijo, reclinándose en su silla con un aire de superioridad ensayada—. Se necesita dedicación… talento... —hizo una pausa, recorriéndola con la mirada de arriba abajo como quien evalúa una pieza de escenografía—. Pero ya que Ami te recomienda, cuando se reanuden las actividades, te haré una prueba.
Mochi juntó las manos frente al pecho y fingió un brillo entusiasta en sus ojos, como una estudiante emocionada.
—?Muchas gracias, profesor!
El ambiente se distendió un poco y hablaron de banalidades unos minutos más, hasta que el tema pareció cerrado. Ami sonreía, satisfecha, y ambas se giraron hacia la puerta. Pero justo antes de cruzarla, Mochi se detuvo con gesto casual, como si de pronto recordara algo sin importancia.
—Ah, profesor… —se volvió con una sonrisa inocente—. Una pregunta rápida, nada serio. ?Estuvo anoche en la universidad? Es que cené cerca y juraría haberlo visto salir de aquí muy tarde.
El silencio que siguió fue demasiado largo.
Shūen parpadeó, y durante un instante, Mochi captó algo en su mirada: un destello de nerviosismo.
—Te equivocas —dijo al fin, con un tono que intentaba sonar firme, pero en el borde de su voz vibraba una aspereza contenida—. La universidad está cerrada de noche. Desde… ese terrible suceso.
Mochi observó cómo sus dedos se tensaban apenas sobre el escritorio, como si se aferrara a no delatarse.
—Ah, claro… —asintió ella con suavidad, inclinando la cabeza—. Debí confundirlo con alguien más. Perdón por tocar ese tema, debe de ser muy doloroso… que un estudiante suyo recurriera a algo así.
La expresión de Shūen se endureció.
—Por supuesto que lo es. Siempre les dije que podían confiar en mí, que podían contarme cualquier problema, cualquier dificultad. Los alenté a ser abiertos y pedir ayuda… pero al final no fue suficiente.
Se aclaró la garganta, evitando la mirada de Mochi, y concluyó bruscamente:
—Tengo trabajo pendiente. Ya pueden retirarse.
Ami, visiblemente incómoda, asintió con rapidez y tomó del brazo a Mochi, prácticamente arrastrándola hacia fuera de la oficina.
El resto del día pasó entre clases y conversaciones triviales, pero Mochi no lograba apartar las palabras del profesor de su cabeza. No solo había mentido sobre estar en la universidad la noche anterior; también había algo extra?o en el modo en que hablaba de sus estudiantes. Al caer la tarde, después de que sonó el timbre final, Mochi buscó a Miyu y a Zeke para ponerlos al corriente de todo lo que había descubierto.
Después de salir, a unos metros, Zeke estaba apoyado contra una banca, hablando con una mujer. No parecía una conversación casual: ella le entregaba una carpeta con papeles mientras sus tentáculos se movían con calma, como si acompa?aran cada gesto suyo.
Mochi se quedó observando unos segundos. La mujer no debía tener más de veinte a?os. Su cabello violeta caía en mechones brillantes sobre los hombros, y de su espalda baja emergían cuatro tentáculos oscuros con un suave tono azulado, firmes pero fluidos en sus movimientos. Era una Demi-Humana Krakenid, de esas que Mochi solo había visto un par de veces en toda su vida.
—Gracias —dijo la Zeke con voz baja pero clara, la mujer inclinó la cabeza hacia Zeke antes de girarse para marcharse.
Cuando la krakenid desapareció calle abajo, Mochi corrió hasta Zeke.
[Nota del autor: Hola a todos, a partir de este capítulo cambié la forma en que se llama a todas las personas que no son humanos. Desde ahora las llamaré Demi-Humanos.]