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Already happened story > The Cat’s Curse (español) > 18. Operación: Infiltración Universidad S (Parte 6)

18. Operación: Infiltración Universidad S (Parte 6)

  Al día siguiente, Mochi asistió a clases con normalidad. Los 3 habían acordado seguir vigilando al profesor Shūen hasta obtener más información.

  Durante el almuerzo, Mochi, Miyu, Ami y Sam compartían la misma mesa. Sam parecía inquieto; una y otra vez levantaba la mirada, como si quisiera decir algo, pero se detenía y volvía a bajarla. Repitió ese mismo gesto tres veces hasta que el trío de chicas se cansó.

  Con un suspiro cargado de fastidio, Ami rompió el silencio:

  —Sam, si quieres decir algo, dilo de una vez.

  Las palabras de Ami surtieron efecto. El chico carraspeó y comenzó a hablar con cierto nerviosismo:

  —Esta noche, junto a un grupo de mis amigos, vamos a colarnos en la universidad… Tenemos la teoría de que estos suicidios fueron causados por la maldición de un demonio —se inclinó hacia adelante sobre la mesa, bajando la voz como si compartiera un secreto—. Por eso vamos a realizar un ritual para expulsarlo. Quería invitarlas a las tres; mientras más seamos, mejor.

  —Sam, deja de decir tonterías. Los demonios no existen… Además, sabes que no me gustan esas cosas —replicó Ami, poniéndose de pie con el ce?o fruncido antes de marcharse visiblemente molesta.

  Mochi y Miyu intercambiaron una mirada de complicidad; ambas sabían que la teoría de Sam estaba mucho más cerca de la verdad de lo que él mismo imaginaba.

  Sam se levantó con intención de seguir a Ami, pero antes se giró hacia ellas:

  —?Y ustedes qué dicen?

  Mochi no necesitó mirar a Miyu para adivinar su respuesta; ya podía imaginar la expresión de entusiasmo en su rostro. A Miyu le fascinaban las historias de fantasmas y se obsesionaba con cualquier cosa relacionada. Sin embargo, no podían aceptar la invitación: habían quedado en reunirse con Zeke después de clases.

  Tras la negativa, Sam salió corriendo tras la enfadada Ami.

  Las dos chicas se miraron y soltaron una risita, incapaces de contenerse ante lo graciosa que resultaba la situación.

  Al regresar al aula, Mochi se sorprendió al ver que Sam y Ami ya estaban allí, sentados juntos y conversando tranquilamente. Al parecer, él había logrado calmar el mal humor de su compa?era.

  Más tarde, al terminar las clases, los tres se reunieron nuevamente en el peque?o local de ramen donde solían encontrarse. Fue allí donde Zeke les compartió un nuevo hallazgo:

  —Resulta que, en un principio, iban a ser seis los estudiantes que participarían en el suicidio grupal. Sin embargo, parece que la familia del sexto notó que algo andaba mal con él y decidió buscarle tratamiento. Gracias a eso, sigue vivo.

  —?Eso es genial! —exclamó Miyu, levantándose de un salto con una energía desbordante—. ?Entonces qué estamos esperando? ?Vamos a hablar con él ahora mismo!

  —No te apresures. Aunque fuéramos ahora, no podríamos reunirnos con él —dijo Zeke con calma, haciendo un gesto con la mano para que Miyu volviera a sentarse—. Debido a que no se encontraba muy estable, lo trasladaron a una institución de cuidados mentales. Para visitarlo, primero se necesita un permiso firmado por sus tutores.

  —Entonces vayamos a hablar con la familia y consigamos ese permiso —respondió Miyu con determinación, poniéndose de pie por segunda vez.

  Pero la respuesta de Zeke la obligó a sentarse de nuevo. Mientras tanto, Mochi observaba el intercambio con diversión, casi como si estuviera disfrutando de una obra de teatro improvisada.

  —Eso no será necesario —replicó Zeke, sacando del bolsillo interior de su chaqueta una carta doblada—. Hoy mismo me salté las clases de la tarde y fui personalmente con la familia a conseguirla.

  —?Entonces cuál es la razón por la que no podemos ir? ?Es por la hora? —preguntó Miyu, esta vez más calmada, esperando la respuesta sin levantarse de su asiento.

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  Zeke suspiró.

  —El problema radica en cómo esta institución trata a los pacientes. Se manejan con métodos del siglo pasado: los mantienen permanentemente sedados. Si fuéramos a hablar con él ahora, no podría respondernos. Ni siquiera estoy seguro de si estará consciente.

  —Eso es horrible… —dijo Miyu con el ce?o fruncido y una expresión de disgusto en el rostro.

  —No puedo creer que aún existan lugares así —a?adió Mochi, indignada.

  —Ya di aviso al lugar de que iremos ma?ana. Hoy mismo dejaron de darle las drogas, para que ma?ana podamos hablar con él con normalidad. —Zeke miró a Miyu—. Vendrás conmigo para verlo.

  Después giró su mirada hacia Mochi.

  —Peque?a Noa, tú asistirás a clases como cualquier otro día. Necesito que vigiles los movimientos del profesor Shūen.

  El grupo se separó poco después.

  —

  A la ma?ana siguiente, Mochi asistió a clases con total normalidad. Cuando llegó la hora del almuerzo, se dirigió hacia la primera fila de asientos donde siempre se sentaban Ami y Sam. Para su sorpresa, solo encontró a Ami allí.

  —?Hola, Ami! ?Hoy estás sola? —preguntó Mochi, saludando con una mano mientras se acercaba.

  —Hola, Noa. Sí, estoy sola. A que no adivinas lo que pasó… —Ami apoyó una mano en la frente y soltó un suspiro cansado—. Anoche un profesor atrapó a Sam colándose aquí con sus amigos, y los suspendieron a todos por tres días.

  —Oh, ya veo… menos mal que no lo acompa?é, si no yo también estaría suspendida —respondió Mochi, aliviada, llevándose una mano al pecho.

  Las dos almorzaron juntas entre charlas triviales, y al terminar volvieron al aula para continuar con las clases de la tarde.

  * * *

  Mientras tanto, Miyu y Zeke llegaron a la institución donde recibía tratamiento el estudiante que había sobrevivido. Una enfermera los guió a través de los laberínticos pasillos; el lugar estaba en muy malas condiciones, sucio y descuidado, con las paredes despintadas y la pintura cayéndose a pedazos.

  —Miyu, cuando lleguemos déjame hablar a mí. No se encuentra bien, así que hay que tratarlo con cuidado si queremos que nos cuente todo —dijo Zeke mientras seguía a la enfermera.

  —Entendido, Líder —asintió Miyu con seriedad.

  Se detuvieron frente a una puerta. La enfermera abrió la traba de metal y se giró hacia ellos.

  —No se tarden —dijo con un tono cortante, antes de alejarse por donde habían venido.

  El interior de la habitación resultaba deprimente. No había ventanas, y los muros estaban recubiertos con azulejos blancos que reflejaban la luz fría del único foco en el techo. La cama no era más que un colchón sin sábanas ni mantas. Además, había un inodoro de acero inoxidable sin tapa y un lavabo del mismo material con un grifo corto y un solo botón en lugar de manijas. Todo estaba dise?ado para impedir que el paciente pudiera hacerse da?o.

  Sentado al borde de la cama se encontraba el joven. Su mirada era cansada y desenfocada, con ojos vidriosos y el rostro pálido. Su cabello casta?o estaba enmara?ado y grasoso, y vestía un simple pijama de algodón.

  Zeke dio un paso adelante.

  —Hola, me llamo Zeke, y ella es Miyu. Estamos investigando lo que sucedió. Tus padres nos dijeron que te internaron aquí porque les confesaste que querías suicidarte. ?Podrías contarme qué pasó? —preguntó con voz calmada, cuidando de no alterarlo.

  El muchacho respondió con voz ronca y débil, como si no hubiera hablado en días:

  —Todo empezó hace unas semanas. Cada noche, sin falta, tenía pesadillas… Llegó un punto en que ya no podía dormir. Pero no solo era yo, a mis amigos también les pasaba lo mismo. —Se detuvo un instante y continuó con lentitud—. Ya no era yo mismo, sentía que mi mente me traicionaba. Intenté soportarlo, pero no pude. Un día, mientras volvía a casa, crucé el puente y lo único en lo que pensaba era cuánto tardaría en saltar al agua… Cuando reaccioné ya estaba de pie sobre la barandilla. Fue aterrador. Ese fue mi límite. Corrí a casa y les conté todo a mis padres, y ellos me trajeron aquí.

  —Dijiste que tenías pesadillas y que no te sentías tú mismo. Durante ese tiempo, ?no se lo contaste a nadie más? —preguntó Zeke.

  —Sí lo hice. Entre todos se lo contamos al profesor Shūen. Esa semana teníamos una obra, pero nadie se sentía bien para actuar. él simplemente nos ignoró… Nos dijo que estábamos exagerando y que lo superaríamos.

  —Ya veo… lo que nos has contado es de mucha utilidad para nosotros —respondió Zeke. Luego se volvió hacia la puerta—. Vamos, Miyu.

  Antes de salir, se detuvo un instante y miró al muchacho con seriedad:

  —No te preocupes. Hablé con tu familia antes de venir y conseguí que te trasladen a una institución verdadera, una que sí pueda ayudarte. Así que este será tu último día en este horrible lugar.

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