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Already happened story > The Cat’s Curse (español) > 16. Operación: Infiltración Universidad S (Parte 4)

16. Operación: Infiltración Universidad S (Parte 4)

  Los tres revisaron cada rincón del teatro durante casi una hora, pero el lugar estaba completamente limpio. No había ni un solo rastro de éter, ni una pista que pudiera guiarlos hacia el culpable.

  Al salir, Zeke cerró con cuidado la puerta para que no se notara que había sido abierta.

  —Qué frustrante no encontrar nada… —se quejó Miyu, malhumorada, inflando un poco las mejillas—. ?Y ahora en dónde vamos a buscar?

  —Todavía tengo otros lugares en mente —respondió Zeke con calma—. Nuestra siguiente parada será el aula del profesor encargado del teatro. En su oficina debe haber notas y expedientes sobre los estudiantes… tal vez encontremos algo que nos sea útil.

  Mientras avanzaban por los pasillos silenciosos, Mochi se detuvo de golpe. Sus orejas se erizaron ligeramente.

  —Esperen… escucho pasos —dijo en voz baja.

  De inmediato, Zeke y Miyu frenaron en seco, aguardando en silencio. Mochi cerró los ojos un instante, afinando el oído para identificar la dirección del sonido.

  Miyu, sin poder evitarlo, desvió la vista hacia su compa?era. Sus ojos se fijaron en las orejas felinas de Mochi, que se movían con cada ruido, tan expresivas que parecían tener vida propia.

  Qué linda… pensó, sintiendo un calor en el pecho. Realmente quiero tocarlas… me pregunto si Sempai me dejaría hacerlo si se lo pido.

  —Son pasos de mujer… usa tacones —informó Mochi tras unos segundos—. Vienen de frente, pero se están alejando.

  —A esta hora no debería haber nadie aquí —murmuró Zeke con el ce?o fruncido—. Avancemos con cuidado para no ser descubiertos. Peque?a Noa, tú primero.

  Los tres apagaron las linternas de sus celulares. El pasillo estaba sumido en la penumbra, pero eso no representaba un problema para Mochi: podía ver en la oscuridad con claridad. Avanzó con pasos ligeros, guiando al grupo hasta detenerse frente a una puerta. Debajo de ella se filtraba un delgado resplandor.

  —Hay alguien adentro… —susurró Mochi.

  —Esa es la oficina del profesor de artes escénicas —comentó Zeke en voz baja. Pero no tuvo tiempo de continuar; del interior comenzaron a escucharse movimientos, alguien se dirigía a la puerta.

  —?Rápido, ocultémonos! —ordenó.

  Los tres retrocedieron a toda prisa, intentando no hacer ruido. El problema era que se encontraban en el segundo piso: no había muebles ni rincones donde esconderse.

  —?Arriba, las escaleras!

  Siguieron a Zeke y subieron corriendo hasta la planta superior. Desde allí, observaron cómo la puerta se abría. Un hombre alto y delgado salió de la oficina, llevando bajo el brazo una carpeta repleta de hojas. Miró alrededor con cautela, como si esperara encontrar a alguien espiándolo. Luego apagó las luces, cerró la puerta con llave y comenzó a bajar las escaleras sin percatarse de ellos.

  Stolen novel; please report.

  —Qué raro, podría haber jurado que los pasos que escuché eran de mujer —comentó Mochi mientras se incorporaba para seguir a los demás, que ya habían comenzado a bajar la escalera. Estaba convencida de lo que había oído: el golpeteo de unos tacones sobre el suelo. Sin embargo, la persona que habían visto usaba calzado deportivo.

  —Tal vez te confundiste, Sempai —intervino Miyu, antes de girarse hacia Zeke—. ?Reconoces a esa persona?

  —De hecho, sí. Lo investigué por ser cercano a varios de los fallecidos. Su nombre es Shūen, profesor a cargo del área de teatro —respondió Zeke con seguridad.

  —?Qué hacemos? ?Lo seguimos? —preguntó Miyu, algo inquieta.

  —No, sería demasiado arriesgado. Con el silencio que hay en el lugar es muy probable que nos descubra. Es mejor dejarlo ir; si sospecha que lo estamos vigilando, se volverá más precavido y eso complicará aún más la investigación —explicó Zeke mientras abría la puerta de la oficina de la cual el profesor acababa de salir—. Mejor veamos qué era tan importante como para que viniera a colarse en la universidad a esta hora.

  La oficina de Shūen no parecía distinta a la de cualquier otro docente: un escritorio bien ordenado, un armario metálico y varias estanterías repletas de libros que desprendían un olor a papel viejo y humedad. Nada llamaba la atención a primera vista.

  —Bien, hay que dividirnos —ordenó Zeke con voz firme—. Peque?a Noa, revisa el armario. Miyu, encárgate de las estanterías. Yo revisaré el escritorio. Busquen cualquier expediente o notas sobre los estudiantes. Hasta el detalle más mínimo podría darnos una pista importante.

  Pasaron varios minutos rebuscando en cajones, carpetas y montones de papeles hasta que dieron con un archivo repleto de información: listas académicas, expedientes médicos e incluso anotaciones personales que Shūen había escrito sobre sus alumnos. Sin embargo, pronto notaron algo extra?o.

  —No están… Esto es definitivamente raro —dijo Zeke, frunciendo el ce?o. El archivo contenía datos de todos los estudiantes de artes escénicas, excepto de aquellos que habían fallecido—. Es muy probable que los documentos que él llevaba en la carpeta fueran justamente esos registros faltantes. No encontraremos nada más aquí.

  Al levantar la vista, los ojos de Zeke se fijaron en una cámara de seguridad instalada en una esquina del techo.

  —Vamos a la oficina de seguridad. Revisaremos las grabaciones de estas cámaras —propuso.

  Salieron de la oficina en silencio y descendieron lentamente las escaleras, atentos a cualquier movimiento por si se encontraban nuevamente con el profesor. No ocurrió. Finalmente, abandonaron el edificio sin inconvenientes.

  Mientras cruzaban el patio interior, se toparon con el guardia de seguridad que horas antes le había entregado la tarjeta a Zeke. El hombre estaba sentado en un banco, con las piernas estiradas, bebiendo tranquilamente una lata de cerveza. Parecía relajado, como si nada inusual estuviera ocurriendo a su alrededor.

  Cuando el guardia los vio acercarse, se puso de pie con aire cansado.

  —?Ya terminaron con lo que sea que tenían que hacer?

  —Ya casi. Solo necesito una cosa más —respondió Zeke mientras le entregaba la tarjeta que había recibido anteriormente—. Lo que necesito ahora es que me dejes ver las grabaciones de seguridad de esta noche.

  El guardia bebió el último sorbo de su cerveza, aplastó la lata con desgano y la arrojó al cesto.

  —Bien, síganme.

  Los guió por un pasillo hasta su oficina. Justo cuando se disponía a abrir la puerta, se detuvo de golpe, frunciendo el ce?o.

  —Qué raro…

  —?Sucede algo? —preguntó Zeke, intrigado por su reacción.

  —La puerta estaba abierta. Estoy seguro de haberla dejado cerrada —respondió con cierta duda, aunque luego pareció restarle importancia y entró sin más.

  Dentro había varias pantallas que mostraban imágenes en tiempo real del campus. El guardia se dejó caer en su silla giratoria frente a la computadora y comenzó a teclear con rapidez.

  —Esto sí que es raro… —murmuró rascándose la barba descuidada—. Las grabaciones de esta noche no están. Fueron borradas.

  Zeke se inclinó sobre la silla del guardia, con expresión seria.

  —Busca entonces los videos de seguridad de los días en que ocurrieron los diferentes suicidios.

  El guardia obedeció, navegando entre carpetas y registros. Sin embargo, el resultado fue el mismo: todas las grabaciones de aquellos días también habían sido eliminadas.

  —?El sistema tiene algún registro? Algo que diga cuándo se borraron las grabaciones y qué usuario lo hizo —preguntó Zeke con tono calculador.

  El hombre soltó un suspiro molesto y volvió a revisar.

  —No usamos cuentas individuales, solo un usuario general. Así que no podemos saber quién lo hizo… pero sí cuándo. Déjame ver… aquí está. —Hizo una pausa y levantó la vista con sorpresa—. Fueron borradas hace poco más de una hora.

  Zeke se volvió hacia Mochi y Miyu, bajando la voz.

  —Eso fue más o menos a la hora en que llegamos a la oficina de Shūen. Los tiempos coinciden para que haya sido él, justo después de salir de su despacho.

  Tras eso, los tres abandonaron la universidad. Aunque no consiguieron pruebas concretas que los ayudaran en la investigación, lograron se?alar a un sospechoso. El profesor Shūen no solo se había llevado los archivos de los estudiantes fallecidos, sino que también era muy probable que hubiera borrado las grabaciones de seguridad.

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