—Nyaa~... —bostezó Mochi por tercera vez en menos de un minuto.
Había tenido que despertarse mucho antes de lo habitual para alistarse, tomar el tren y llegar a tiempo. El sue?o todavía pesaba en sus ojos, y sus orejas felinas se movían perezosamente con cada bostezo.
—?Sempai, con ese maquillaje te ves más madura! ?Muy hermosa! ?Te queda genial! —exclamó Miyu con su característico tono entusiasta. Al parecer, madrugar no la había afectado en lo más mínimo.
—Oh... ?sí? Me alegra haberlo hecho bien —respondió Mochi, sonrojándose ligeramente.
No estaba acostumbrada a recibir ese tipo de cumplidos. Por lo general, la gente la describía como "adorable" o "linda", pero no "hermosa" ni "madura". El comentario la tomó por sorpresa.
Ambas se quedaron en silencio, atrapadas en ese momento incómodo. Miyu tampoco parecía haber anticipado la reacción de Mochi, y su expresión alegre se tornó vacilante. También se sonrojó. El silencio se prolongó por unos segundos que parecieron eternos.
—Ejem... —Zeke carraspeó, rompiendo la tensión como quien arroja una piedra a un estanque. Su voz firme sirvió para devolverlas a la realidad—. ?Qué les parece si nos concentramos en el objetivo? Ya es hora de entrar.
La intervención llegó justo a tiempo. Mochi y Miyu asintieron rápidamente, disimulando su incomodidad.
—Tengo esto para ustedes —dijo Zeke mientras se quitaba la mochila y comenzaba a hurgar en su interior.
Del bolso salían sonidos metálicos, el tintinear de vidrio y otros ruidos extra?os que hicieron que Mochi frunciera el ce?o, intrigada por lo que podría estar cargando.
—Aquí están —anunció al fin, sacando dos hojas de papel dobladas y entregándoselas a cada una—. Estos son sus horarios de clases. Los tres estaremos en aulas diferentes para poder cubrir la mayor cantidad de terreno posible.
Ambas tomaron los papeles mientras Zeke continuaba hablando:
—Recuerden, son estudiantes recién transferidas. Traten de socializar, de hacer uno que otro amigo. Esa será la mejor forma de recolectar información.
Dicho esto, les dirigió una breve sonrisa y se despidió con un gesto de mano antes de adentrarse en el campus.
—S-socializar... —repitió Mochi con un tono incierto.
Nunca había tenido miedo de interactuar con otras personas. De hecho, siempre se había considerado optimista, amigable y buena conversadora. No tenía ningún mal hábito evidente. Aun así, hacer amigos siempre le había resultado difícil. Si no fuera por Miyu, probablemente su única amiga seguiría siendo Haruka.
—Sempai, no te preocupes —dijo Miyu con una gran sonrisa, tomando la mano de Mochi—. Todo saldrá bien, te lo aseguro. ?Las personas van a hacer fila para conocerte!
Juntas comenzaron a caminar hacia el interior del campus.
La vista que se les presentó era completamente diferente a la de su escuela anterior. Este lugar está lleno vida y movimiento: estudiantes caminaban en todas direcciones, otros estaban sentados en grupos charlando animadamente bajo la sombra de los árboles o frente a las fuentes.
El ambiente se sentía relajado. Pero no tuvieron mucho tiempo para explorar; la hora de su primera clase se acercaba rápidamente.
Ya dentro del edificio principal, listas para afrontar cualquier desafío que se les precentara, se toparon con su primer obstáculo.
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—Miyu... ?sabés hacia dónde queda nuestra clase? Mi hoja dice "aula 7", pero no indica dónde está.
—Ni idea. Yo estoy en la 12. No hay de otra, vayamos por este pasillo —respondió se?alando hacia la derecha con decisión—. Seguro las encontramos rápido.
No pasó mucho tiempo antes de que dieran con el aula de Miyu.
—Sempai, perdón, pero debo entrar, ya casi es la hora. Pero no te preocupes, ?te aseguro que encontrarás tu aula pronto!
Ahora Mochi estaba sola en el pasillo, caminando de un lado a otro con creciente desesperación. Pero por más que buscaba, no lograba encontrar el aula 7.
?Qué hago? ?Qué hago? Ya casi es la hora... ?No puedo llegar tarde a mi primera clase! pensó llevándose las manos a la cabeza, al borde del pánico. ?Zeke, te maldigo! ?Nos dejaste tiradas y desapareciste! Si llego tarde, ?será tu culpa!
—Disculpa, ?estás perdida?
La voz hizo que Mochi se girara de inmediato. Detrás de ella estaba un joven, quizás diez a?os mayor, que la observaba con una expresión tranquila. Su apariencia le llamó la atención al instante: vestía una chaqueta de cuero negra, jeans con cadenas decorativas, y su cabello oscuro le cubría parcialmente un ojo.
?Un gótico! pensó casi en voz alta, conteniéndose por poco.
—Si estás perdida, puedo guiarte —dijo el chico con amabilidad.
—Hola, me acabo de transferir a esta universidad. Estoy buscando el aula 7 —respondió Mochi, tratando de sonar calmada.
—Oh, qué coincidencia. Esa también es mi clase. Ven, te mostraré el camino. Por cierto, me llamo Sam.
—Gracias por la ayuda. Yo soy Noa.
Gracias a la guía de Sam, Mochi llegó al aula justo a tiempo. Se despidió de él con una leve reverencia y una sonrisa agradecida antes de entrar.
El aula resultó ser muy diferente a las que conocía. Era de estilo anfiteatro, con filas de asientos escalonadas, cada una más alta que la anterior. Al ver aquello, lo primero que pasó por la mente de Mochi fue:
?Quiero sentarme bien arriba!
Sin dudarlo, subió por las escaleras con paso decidido, su cola balanceándose de lado a lado con cada paso. Aunque intentaba mantener una expresión serena, sus labios se curvaban en una peque?a sonrisa. Varias miradas se giraron hacia ella, algunas curiosas, otras indiferentes. Al llegar a la cima del aula, eligió un asiento libre y se acomodó, observando todo a su alrededor con curiosidad infantil.
Poco después, el profesor entró al aula y comenzó la clase. El tema: literatura clásica. A los pocos minutos, Mochi ya se encontraba perdiendo la concentración. Desde donde estaba, el profesor parecía lejano, y su voz, monótona y densa, era como un encantamiento para dormir. Mochi no entendía absolutamente nada. Era como si hablara en un idioma distinto al suyo.
Fueron tres de las horas más largas de su vida.
Fwaaah...
Al sonar la campana que anunciaba el fin de la clase, Mochi se puso de pie de inmediato y estiró la espalda mientras soltaba un prolongado bostezo. Luego comenzó a bajar lentamente las escaleras, pensando en qué hacer a continuación.
Debería reunirme con Miyu para almorzar juntas, pensó mientras sacaba su teléfono del bolsillo. Tecleó rápidamente un mensaje:
“?Almorzamos juntas?”
Brrr... Brrr...
Apenas pasaron unos segundos y su teléfono vibró con una respuesta.
"?Siii! ???????? ?Ya quiero comer! ?????"
Los mensajes de Miyu son tan expresivos como ella... pensó Mochi con una sonrisa, dejando escapar una risita suave.
—Noa, ?te gustaría almorzar con nosotros? —escuchó entonces la voz de Sam.
Al voltear, lo vio acompa?ado por una chica que parecía sacada de una revista de moda: cabello rubio largo y liso, ojos grandes de un azul brillante, piernas largas y torneadas, y un busto prominente. En su cabeza destacaban dos orejas caídas, parecidas a las de un ciervo.
pensó Mochi con asombro, al observar a la chica frente a ella. Los Cérvidos, también conocidos como personas-ciervo, eran una raza extremadamente rara. Tenía una elegancia natural que destacaba incluso entre la multitud del campus.
—Hola, Noa. Me llamo Ami. Sam me habló de ti, me dijo que te acabas de transferir aquí. ?Te gustaría almorzar con nosotros? —se presentó con una sonrisa cálida y una voz clara, casi musical.
pensó Mochi, aunque de inmediato recordó algo importante.
—?Sí, claro! —respondió alegremente, pero su entusiasmo se apagó al instante—. Ah, lo siento, había quedado en almorzar con una amiga... ella también se transfirió hoy.
—Si te parece bien, puedes invitarla a que venga con nosotros también —dijo Sam con amabilidad.
—?Sí, sí! Entre más, mejor —agregó Ami, entusiasmada.
—?En serio? ?Genial! Le voy a mandar un mensaje —dijo Mochi sacando el celular rápidamente.
La respuesta de Miyu llegó al instante, como si hubiera estado esperando el mensaje con ansias:
"?Genial, senpai!? Sabía que no tardarías en hacer amigos ???? ?Ya voy para allá! ???♀???????"
—Ella aceptó. Ya viene —anunció Mochi.
No tardó mucho en llegar. Como siempre, Miyu irrumpió con su energía contagiosa, saludando como si conociera a todos de toda la vida. Mochi les presentó a Sam y Ami, y los cuatro se dirigieron juntos hacia la cafetería del campus.
Durante el trayecto, Mochi observaba a Miyu con admiración.
Resultó que Sam y Ami eran amigos de la infancia, se conocieron cuando Ami se mudó desde América. Ami quería ser actriz y estudia en el departamento de artes escénicas. Esa última información hizo que los oídos de Mochi se agudizaran.
El almuerzo transcurrió en un ambiente agradable. La comida estaba deliciosa, y la conversación fluía con naturalidad. Después de comer, se sentaron los cuatro alrededor de una mesa vacía mientras disfrutaban el momento.
Mientras Mochi intentaba encontrar la forma correcta de abordar el tema, Miyu, con su ya habitual audacia, tomó la delantera.
—La comida aquí es deliciosa y el precio está bastante bien, pero... el lugar está casi vacío —comentó con inocencia, mirando a su alrededor.
Ante sus palabras, Ami y Sam se miraron por unos segundos. Fue una mirada breve pero cargada de significado, como si debatieran silenciosamente qué hacer. Finalmente, como si hubieran llegado a un acuerdo, comenzaron a hablar.
Explicaron lo que sabían. Sin embargo, para decepción de Mochi, no dijeron nada nuevo que no hubieran oído antes. Los detalles eran vagos, las causas desconocidas, y la situación seguía envuelta en un aura de misterio. La conversación se volvió cada vez más sombría, hasta que Sam decidió cambiar de tema, diciendo que ya habían hablado suficiente de cosas oscuras por un día.
Con eso concluyó el almuerzo. Cada uno regresó a sus respectivas clases, y Mochi, todavía frustrada por la falta de información, continuó su lucha contra el sue?o durante el resto del día.