—?Por fin es domingo! —exclamó Mochi, dando un salto de emoción dentro de su habitación.
Después de una larga semana llena de exámenes y trabajos, al fin llegaba su tan ansiado día libre. Había estado tan ocupada que no había podido dedicarle ni un minuto a sus juegos. Con la pijama puesta, se lanzó de espaldas sobre su cama, tomó su smartphone e inició su juego favorito. Su cola se balanceaba de un lado a otro, reflejando lo entretenida que estaba.
Brrr... Brrr...
Su diversión fue interrumpida poco después. En la pantalla apareció una notificación: un mensaje de Zeke.
Grandes noticias, equipo. Se nos asignó nuestro primer encargo. Las veo al mediodía en la sede, allí les daré los detalles ??.
—Nnnh... mi domingo...
—
Cuando llegó la hora acordada, Mochi llegoó a la sede de OHRA. Ya se había acostumbrado a esté lugar. Empujó las enormes puertas de madera y entró. En el interior, Miyu y Zeke ya la esperaban, sentados en los bancos del lugar.
—?Sempai! ?Qué bueno verte! —exclamó Miyu, saltando hacia Mochi y abrazándola con fuerza.
—Miyu... no me dejas... respirar —logró decir Mochi mientras intentaba zafarse del abrazo asfixiante.
—?Miyu, exagerás! Nos vimos todos los días de esta semana en la escuela.
—Lo sé, pero estoy muy emocionada por mi primera misión. Además, escuchá esto: Zeke se negó a decirme de qué trata hasta que llegaras... ??Por qué tardaste tanto, Sempai?!
—?De qué hablás, Miyu? Llegué diez minutos antes de la hora acordada. ?A qué hora llegaste?
—Estoy aquí desde la ma?ana temprano. De hecho, ya estaba aqui cuando Zeke nos contactó. Planeaba entrevistar a algunos cazadores para mi blog, pero no apareció nadie. Incluso Ofelia llegó después que yo.
Zeke, que hasta ese momento había estado en silencio, dio un paso al frente para unirse a la conversación.
—Los cazadores somos bastante diferentes entre nosotros. Muchos tienen motivos completamente opuestos para hacer este trabajo. Algunos lo hacen por venganza, otros por sentido del deber, otros solo por dinero... incluso hay quienes lo hacen por diversión o por una búsqueda de poder. Como nuestras motivaciones son tan dispares, rara vez nos relacionamos entre nosotros, a menos que la situación lo requiera. Así que ya ves por qué no hay nadie un domingo.
—Oh, hola Zeke, no te había visto...
Zeke soltó una peque?a sonrisa amarga ante el comentario despreocupado de Mochi.
—Líder, ?por qué razón te volviste cazador? —preguntó Miyu, curiosa.
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—Bueno, mmm... —Zeke se tomó un momento para pensarlo, y finalmente respondió—. Digamos que este trabajo se alinea con mis objetivos personales.
Miyu no pareció muy satisfecha con esa respuesta ambigua, pero Zeke siguió adelante, sin darle más vueltas al tema.
—Nuestro trabajo esta vez será fingir que somos estudiantes de la Universidad S... y encontrar a una anomalía que se esconde allí...
Zeke nos puso al tanto del contexto del encargo. En la Universidad S... de la ciudad vecina, se habían reportado desde hace un tiempo varios casos de suicidios entre los estudiantes. Era una institución bastante grande, por lo que la muerte de un alumno, aunque trágica, no era necesariamente motivo para que la agencia interviniera. Sin embargo, lo extra?o eran los métodos utilizados.
Normalmente, quienes deciden quitarse la vida buscan formas indoloras. Nadie quiere sufrir más de lo necesario. Pero en este caso, el primer estudiante se ba?ó en combustible frente a todos y se prendió fuego. Un acto brutal, público, y completamente fuera de lo común.
Y ese fue solo el comienzo.
Ese suicidio ocurrió hace tres meses. Luego, vino un segundo. Y un tercero. El número continuó creciendo hasta alcanzar los seis casos. En ese punto, la policía finalmente intervino, aunque en opinión de Zeke, ya era demasiado tarde. Iniciaron la investigación con la hipótesis de que los jóvenes podrían estar vinculados a algún tipo de secta.
Pero mientras la investigación seguía sin arrojar resultados, ocurrió otro incidente aún más espeluznante: un suicidio grupal. Cinco jóvenes se prendieron fuego al mismo tiempo. Fue entonces cuando se empezó a considerar más seriamente la posibilidad de que todo fuera obra de una anomalía.
Como resultado, la agencia envió a algunos agentes para investigar. Sin embargo, no encontraron rastro de nada. De hecho, la universidad parecía completamente libre de cualquier presencia. Y eso, según Zeke, era la verdadera prueba de que estaban ante una anomalía muy peligrosa.
—En un lugar como ese, donde se reúnen tantas personas y emociones, es normal que existan anomalías, aunque sean peque?as o débiles —explicó Zeke con firmeza—. Más aún con los casos de suicidio recientes. Ese lugar debería estar infestado de energía residual. Pero no lo está. Que no haya ni un solo rastro solo puede significar una cosa: alguien o algo se está encargando de eliminar toda huella, y de mantener alejadas a otras anomalías.
Un trabajo así solo puede hacerlo una anomalía poderosa. Una lo suficientemente fuerte como para establecer un territorio y expulsar a cualquier otra.
—Aquí es donde entramos nosotros —continuó—. Nuestro encargo consiste en fingir ser estudiantes, mezclarnos con los demás y, de esa forma, buscar y eliminar a la anomalía antes de que vuelva a actuar.
—Eso es todo en lo que respecta al encargo. ?Tienen alguna duda? —preguntó Zeke luego de terminar su explicación.
—Líder... ?cuánto durará esta misión? —preguntó Miyu.
—Bueno, eso depende. Podría ser un par de semanas... o incluso un mes —respondió Zeke, y luego a?adió—: Si lo que les preocupa son las clases, no se hagan problema. Ya se hicieron los arreglos necesarios. A partir de ma?ana, ambas estarán de baja temporal por enfermedad. Pero si no quieren retrasarse, tendrán que estudiar por su cuenta.
—pensó Mochi, visiblemente angustiada.
—?Realmente puede durar todo un mes? —preguntó, preocupada.
—La verdad, no lo creo —dijo Zeke, cruzando los brazos—. Revisé los antecedentes de la universidad y, sí, hubo otros casos de suicidio estudiantil, pero con meses, incluso a?os de separación entre ellos. Los reportes vienen desde hace siete a?os.
Zeke se sentó en un banco, se inclinó hacia adelante, apoyando un codo en su rodilla y la barbilla en su pu?o.
—Pero este a?o, el tiempo entre cada incidente fue disminuyendo... hasta llegar a solo dos semanas. Y terminó con el suicidio grupal de hace tres días.
Luego se puso de pie y caminó frente a ellas, explicando como si fuera un profesor frente a una pizarra invisible.
—Algo tuvo que haber pasado. No sé qué fue, pero estoy seguro de que la anomalía se vio forzada a abandonar su comportamiento cuidadoso por uno más apresurado. Eso significa que es inevitable que cometa un error. Y cuando lo haga, lo atraparemos... antes de que haya más víctimas.
—Ah, casi lo olvido —a?adió mientras se dirigía hacia la salida—. Ma?ana traten de vestirse y maquillarse para parecer un poco más adultas. No queremos que parezcan unas ni?as que se perdieron en una excursión escolar.
Con eso, Zeke se despidió, dejando a Mochi y Miyu solas.
Mochi empezó a preocuparse. Nunca había usado maquillaje, ni tampoco se había interesado demasiado por la moda. Siempre que compraba ropa lo hacía simplemente porque le parecía linda, sin pensar demasiado en estilos o tendencias.
Por suerte para ella, la solución a ese problema se encontraba muy cerca. Justo enfrente tenía a una gyaru brillante y glamorosa a la que podía pedir ayuda.
—?Miyuuu, ayudame! —Esta vez fue Mochi quien se pegó a Miyu, abrazándola mientras levantaba la mirada para verla a los ojos—. No sé nada sobre maquillaje, tampoco tengo idea de moda, ?pero tu sí! Siempre te vistes bien y llevás un maquillaje que te hace ver genial. Si le pido a mi mamá que me ense?e, va a sospechar que estoy tramando algo... por favor, ?ayudame con esto!
—?Claro que sí, Sempai! Dejá todo en mis manos, te voy a ense?ar todo lo que sé —respondió Miyu, visiblemente entusiasmada con la petición—. Jejeje... ?seguro que nos vamos a divertir!
La cola de Mochi se erizó al instante. La risa de Miyu tenía un matiz extra?o, como si estuviera a punto de hacer una travesura. Mochi comenzó a preguntarse si no acababa de cometer un gran error.
Durante el resto del día, Mochi fue tratada como una mu?eca para vestir por Miyu. No recordaba cuántas combinaciones de ropa había probado, ni cuántas veces había sido maquillada. Solo sabía que había sobrevivido... por poco.