PCLogin()

Already happened story

MLogin()
Word: Large medium Small
dark protect
Already happened story > The Cat’s Curse (español) > 25. Operación: Infiltración Universidad S - Secuelas

25. Operación: Infiltración Universidad S - Secuelas

  Varios días después del enfrentamiento con la anomalía, Mochi se encontraba frente a la sede de la OHRA. Como de costumbre, esperaba a Miyu para entrar juntas. Miró de reojo la hora en su smartphone y, para matar el tiempo, se entretuvo con un jueguito móvil, encorvándose un poco mientras sus orejas felinas se movían de un lado a otro con cada sonido del juego.

  —?Sempai! —la voz alegre de Miyu la hizo alzar la vista—. Perdón la tardanza, ?esperaste mucho?

  —Hola, Miyu, no, recién lle… —Mochi se quedó con la frase a medio camino.

  Frente a ella estaba Miyu, pero algo había cambiado. El cabello largo y liso que tanto la caracterizaba ya no estaba; en su lugar llevaba un corte corto y fresco. Además, su atuendo era distinto: más sencillo, sin accesorios llamativos, aunque igual de lindo.

  Mochi la miró boquiabierta, incapaz de ocultar su sorpresa. Miyu, al notar el silencio, bajó la mirada con cierta incomodidad.

  —?Me… me veo mal? —preguntó nerviosa, jugueteando con el borde de su bolso.

  —??Eh?! ?No, para nada! —Mochi reaccionó de inmediato, sacudiendo las manos—. Te ves genial, de verdad. Ese corte te queda… ?fantástico!

  Un leve rubor coloreó las mejillas de Miyu.

  —La verdad… decidí cambiar. Ese día, cuando me enfrenté sola a la anomalía, mi ropa me estorbó. Si hubiera vestido algo más cómodo, algo que me dejara moverme mejor, quizá no habría estado en desventaja.

  —Pero, Miyu —replicó Mochi, frunciendo el ce?o—, no fue tu culpa. Ese día ni siquiera íbamos a pelear, ?recuerdas? Estabas por salir con tus amigas, y además, la anomalía nos tomó por sorpresa.

  Miyu apretó los labios, decidida.

  —Aun así… las anomalías no van a avisarnos cuándo atacarán. Puede pasar de nuevo. Y yo no quiero volver a sentir que no estoy lista. Por eso decidí cambiar mi imagen.

  Mochi la observó en silencio unos segundos, procesando sus palabras, y finalmente sonrió.

  —Tiene sentido —admitió—. Oye, ?cómo se llama ese corte? Es muy moderno.

  Miyu se llevó una mano al cabello recién recortado y, con un brillo de orgullo en los ojos, respondió:

  —Se llama corte pixie.

  —Pixie, ?eh? —Mochi rió suavemente, sus orejas moviéndose curiosas—. Pues creo que te queda perfecto.

  La sonrisa que Miyu le devolvió fue luminosa, como si la aprobación de Mochi valiera más que cualquier espejo.

  —?Entramos, Miyu?

  Miyu asintió en respuesta y ambas cruzaron la entrada de la sede.

  —Sempai, ?sabes por qué nos llamaron hoy? —dijo Miyu algo nerviosa—. Encima nos dijeron que fuéramos directo a la oficina de Ofelia. ?Acaso nos van a rega?ar por nuestro desempe?o en el caso?

  Mochi negó con la cabeza.

  —No lo creo. Zeke dijo que hicimos un excelente trabajo, mejor de lo esperado para ser nuestra primera misión como equipo. Además, aunque Ami nos enga?ó, todos caímos, incluido Zeke. Así que no fue nuestro error, era inevitable.

  A medida que se acercaban a su destino la confianza que ambas tenían disminuye con cada paso.

  Las dos chicas se detuvieron frente a la puerta de la oficina de Ofelia. Mochi tragó saliva, moviendo la cola nerviosa de un lado a otro, mientras Miyu se acomodaba el cabello con manos temblorosas.

  —Nos van a matar… —susurró Mochi, con las orejas gachas; la seguridad que había tenido momentos antes había desaparecido por completo.

  —Shhh… Sempai, mejor no digas nada raro —replicó Miyu, aunque su voz también temblaba.

  Tocaron la puerta y una voz clara, segura, resonó desde dentro:

  —Pasen.

  Al entrar, se encontraron con Ofelia sentada detrás de su escritorio. La líder, con su habitual postura relajada, apoyaba un codo sobre el respaldo de su silla giratoria. Sus ojos brillaron al verlas, como si las hubiera estado esperando.

  —Vaya, vaya… las estrellas del momento —dijo con tono neutro, entrelazando los dedos bajo el mentón.

  Mochi y Miyu se tensaron, preparadas para recibir un sermón. Pero, en lugar de eso, Ofelia dejó escapar una risa ligera y se inclinó hacia adelante.

  —Relájense. Hicieron un trabajo excelente en esa misión. Zeke me contó todo. Estoy muy feliz de tener dos novatas tan prometedoras en la organización.

  Las dos chicas se miraron entre sí, parpadeando con incredulidad.

  Find this and other great novels on the author's preferred platform. Support original creators!

  —?En serio…? —preguntó Miyu, como si no pudiera creerlo.

  —Claro que sí —afirmó Ofelia con seguridad—. Y el buen trabajo merece recompensa.

  De uno de los cajones del escritorio, sacó dos sobres gruesos y los colocó frente a ellas.

  —Aquí tienen. Su pago por el caso. No es mucho —aún son novatas—, pero si siguen así, pronto podrán ganar mucho más.

  Mochi, curiosa, abrió el sobre de inmediato. Sus ojos se agrandaron y dejó escapar un peque?o grito de sorpresa.

  —?Dios mío! ?Aquí debe haber como cuatro mil dólares! —exclamó, con la cola agitándose como un látigo mientras abrazaba el sobre con emoción—. ?Con esto podré conseguir a todos los personajes de gacha que quería! ?Están al alcance de mi mano!

  Miyu, contagiada por el entusiasmo, abrió el suyo y sonrió de oreja a oreja.

  —Perfecto. ?Me compraré un montón de ropa nueva! Ya quiero renovar mi armario entero.

  Ofelia soltó una carcajada baja, divertida por sus reacciones.

  —Eso es todo por hoy, chicas. Pueden irse. Y… diviértanse gastando el dinero.

  Con un gui?o descarado, hizo un gesto con la mano despidiéndolas. Mochi y Miyu salieron de la oficina rebosando alegría, mientras detrás de ellas Ofelia apoyaba la barbilla en la mano, observándolas con esa sonrisa de quien ya veía un futuro interesante en las dos novatas.

  De pronto, una voz familiar se coló detrás de ellas:

  —Qué gusto encontrarlas a ambas aquí.

  Mochi y Miyu se giraron al mismo tiempo, viendo a Zeke saludarlas con una mano levantada y esa sonrisa despreocupada que lo caracterizaba.

  —?Líder! ?Qué bueno verte! —exclamó Miyu, levantando la mano con entusiasmo.

  —?Zeke, mira esto! ?Nuestro primer pago! —Mochi agitó con orgullo el sobre en el aire como si fuera un trofeo.

  Zeke arqueó una ceja y soltó una risa corta.

  —?Crees que ese es un sobre con dinero? —comentó Zeke con tono entre curioso y burlón—. Esto es un sobre con dinero.

  En ese momento, sacó de dentro de su chaqueta un sobre aún más gordo, casi rebosando billetes, y lo agitó delante de Mochi con aire triunfal.

  Mochi se desplomó de rodillas en el suelo, dejando caer su propio sobre con un gemido dramático.

  —?Derrotada…!

  Miyu, tratando de contener la risa, se inclinó hacia Zeke.

  —?Viniste aquí solo a recibir tu pago?

  —Claro, ?qué otra razón tendría? —respondió con naturalidad, encogiéndose de hombros—. Pero ya que las encontré, ?quieren escuchar las novedades de todo este lío?

  Ambas asintieron al unísono; Mochi, aún en el suelo, levantó la mano como si jurara solemnemente prestar atención.

  —Me enteré de que el edificio de departamentos donde vivía Ami se quemó entero… —comentó Miyu, con un dejo de preocupación—. ?Eso tendrá consecuencias?

  —Para nada —contestó Zeke sin titubear—. De hecho, el edificio estaba programado para demolerse en unos meses. El incendio lo atribuyeron a una fuga de gas, así que no habrá mayores problemas.

  Luego, su tono se volvió un poco más serio.

  —En cuanto al profesor Shūen… bueno, alguien anónimo —hizo una pausa significativa, con una sonrisa cómplice— expuso todo lo que hizo: dormir con estudiantes, borrar grabaciones, destruir documentos… toda esa basura salió a la luz.

  —Lo echaron de la universidad —continuó Zeke—, y dudo mucho que consiga trabajo otra vez como profesor. Además, va a estar ocupado con una demanda civil presentada por los familiares de los estudiantes que murieron. Alegan que esas muertes podrían haberse evitado si él hubiera actuado cuando acudieron a pedir ayuda.

  Miyu bajó la mirada, pensativa, mientras Zeke a?adía:

  —Y si el juicio no le sale bien… podría enfrentar cargos criminales por homicidio por negligencia. Pero eso ya no depende de nosotros.

  Zeke se cruzó de brazos y las observó con calma. Mochi seguía en el suelo, refunfu?ando algo sobre la “maldita desigualdad de sobres”, mientras Miyu suspiraba resignada.

  —Por cierto, volviendo al tema del dinero —dijo Zeke, arqueando una ceja—, ?en qué tienen pensado gastar su pago?

  —Aún no lo sé… tal vez en ropa —respondió Miyu con un encogimiento de hombros.

  —Yo lo gastaré en… —Mochi levantó la mano con energía, pero Zeke la interrumpió con una sonrisa confiada.

  —Peque?a Noa, no es necesario que respondas. Puedo imaginar en qué lo ibas a despilfarrar.

  Mochi infló las mejillas, ofendida, pero él continuó:

  —Tengo una propuesta mucho mejor. ?Has pensado en mudarte?

  —?Mud… arme? —repitió Mochi, ladeando la cabeza con sorpresa—. No, no lo había pensado. ?Por qué lo preguntas?

  Zeke suspiró, como si la respuesta fuera más que obvia.

  —A partir de ahora tendremos muchas más misiones. Varias de ellas van a requerir que salgas en mitad de la noche o que pases días fuera. Cada vez será más difícil coincidir con los horarios en que tus padres no estén en casa. Tarde o temprano terminarán descubriéndote. Entonces tienes dos opciones: o revelarles la verdad… o alquilar un lugar para vivir sola. Así tendrías mucha más libertad de movimiento.

  Mochi abrió mucho los ojos.

  —?Eso suena… genial! Pero… ?cómo les explico a mis padres de dónde saco el dinero?

  —No te preocupes por eso —dijo Zeke con un gesto despreocupado de la mano—. Puedo arreglar que la agencia invente una coartada. Un trabajo falso que justifique los ingresos extras. Incluso podrían tramitar que empieces a cotizar para tu futura pensión, como si fuera un empleo real.

  —??En serio?! —Mochi se quedó congelada unos segundos, y de pronto su mirada se iluminó con un brillo travieso. En su cabeza ya se abría un mundo de posibilidades: quedarse despierta toda la noche jugando, hacer todo el ruido que quisiera, comer lo que le diera la gana…

  —?Lo decidí! ?Me mudaré! —exclamó dando un salto de entusiasmo, con la cola erizada de emoción.

  A su lado, Miyu dejó caer los hombros y soltó un gemido exagerado.

  —Ahhh… si no me hubiera mudado sola hace poco, podría haberle pedido a Sempai que compartiéramos departamento. ?Sería tan divertido vivir juntas!

  Mochi se quedó pensando un instante y luego soltó una risita nerviosa, imaginándose cómo sería convivir con Miyu pegada a ella todo el día. La idea la hizo estremecerse, aunque no supo si por miedo o ternura.

  Zeke se despidió poco después, diciendo que tenía asuntos pendientes, y las dejó solas en el pasillo. Mochi, tras pensarlo un momento, sonrió con timidez hacia Miyu.

  —?Vamos a alguna cafetería? —propuso con un tono animado.

  Sin embargo, antes de que Miyu pudiera responder, la puerta principal del edificio se abrió de golpe. Una figura entró con paso firme y seguro. Mochi alzó la vista, reconociéndola al instante: era la joven krakenid que había visto hablando con Zeke en la universidad.

  Sus ojos, de un brillo azulado y profundo, se posaron directamente sobre Mochi. Una sonrisa insinuante se dibujó en su rostro mientras se acercaba con elegancia.

  —Hola, linda. Es la primera vez que te veo por aquí —dijo con voz melosa—. Me llamo Naomi, encantada de conocerte.

  Mientras hablaba, tomó la mano de Mochi entre las suyas con un contacto excesivamente familiar. Sus tentáculos, que se movían lentamente en su espalda, ondulaban con un ritmo casi hipnótico, dándole un aire sensual y peligroso al mismo tiempo.

  —Ho-hola… me llamo Mochi —balbuceó ella, tan nerviosa que soltó su apodo en lugar de su nombre real—. Digo… Noa.

  —?Así que Noa? —repitió Naomi, con una sonrisa juguetona—. Pero Mochi me gusta más. Suena más dulce. ?Te molesta si te llamo así?

  La krakenid dio un paso más, acortando la distancia entre ambas. Uno de sus tentáculos se deslizó con suavidad alrededor de la pierna de Mochi, subiendo lentamente hasta rozar su muslo.

  —?Ah! —Mochi dejó escapar un peque?o grito, con las mejillas encendidas. El contacto la tomó completamente desprevenida; el tentáculo no era frío ni húmedo como esperaba, sino cálido… sorprendentemente cálido.

  Naomi sonrió al verla temblar.

  —Mochi… eres justo mi tipo —susurró con una voz baja, casi ronroneante—. ?Qué tal si salimos a divertirnos? Te aseguro que la pasarás de maravilla.

  Al decirlo, Naomi deslizó una mano por la cintura de Mochi, acorralándola suavemente contra la pared. La joven felina se quedó completamente petrificada, con las orejas tiesas y la cola erizada. Su corazón latía con tanta fuerza que casi podía escucharlo.

  Era la primera vez que alguien se le declaraba… y de una forma tan descaradamente directa. No sabía si debía apartarse, gritar, o simplemente derretirse en el lugar.

  —?Qué dices, linda? —susurró Naomi, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo que rozaba la piel. Su aliento cálido le acarició la mejilla, y los tentáculos en su espalda se movieron lentamente, como si disfrutaran de su desconcierto.

  La sonrisa de Naomi parecía la de un depredador que había arrinconado a su presa.

  Mochi apenas alcanzó a abrir la boca, con las palabras atoradas entre sorpresa y nerviosismo, cuando de pronto sintió unos brazos envolviéndola desde atrás.

  —?M-Miyu!? —exclamó sobresaltada, al notar el abrazo firme pero protector.

  Miyu tiró suavemente de ella hacia atrás, apartándola de Naomi con una seguridad poco habitual en su tono.

  —Perdón, pero ya tiene planes —dijo con una sonrisa tensa y una mirada afilada, que contrastaba por completo con su habitual dulzura—. ?No es así, Sempai?

  El tono de Miyu parecía no dar opción al rechazo.

  Mochi asintió torpemente, todavía confundida y con el rostro completamente rojo.

  Naomi las observó por un instante, y una sonrisa traviesa curvó sus labios.

  —Jejeje… veo que hoy estás ocupada. —Hizo una leve reverencia, sus tentáculos se agitaron grácilmente detrás de ella—. Entonces será en otra ocasión.

  Y con eso, la krakenid se alejó con paso elegante, su silueta perdiéndose por el pasillo mientras el aire todavía olía a un suave perfume.

  Mochi permaneció quieta unos segundos, aún con el corazón acelerado, hasta que Miyu soltó el abrazo y cruzó los brazos, inflando ligeramente las mejillas.

  —Hmph… qué descarada —murmuró, desviando la mirada.

  Mochi parpadeó, todavía nerviosa.

  —Ehh… ?eso crees?

  —Mucho —respondió Miyu, con un tono algo más suave—. Y además… no dejaba de tocarte.

  Mochi no supo qué decir. Solo atinó a reír nerviosamente, moviendo la cola de un lado a otro para liberar la tensión.

Previous chapter Chapter List next page