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Already happened story > AULA A OTRO MUNDO [SPANISH] > Planes a futuro

Planes a futuro

  El silencio que siguió fue espeso, casi físico. Nadie se atrevía a hablar. El sol ya apenas iluminaba el claro y el bosque empezaba a te?irse de sombras.

  Atsuko seguía arrodillada, con la piedra aún en la mano. Temblaba. Akane se arrodilló a su lado con cuidado, hablándole con voz baja, mientras Yumi se acercaba sin decir palabra y le tomaba suavemente la piedra ensangrentada.

  —Ya ha pasado —murmuró Akane —Estás a salvo. Satsuki está bien. Tú estás bien.

  Satsuki se había acercado también, jadeante, con las manos aún rojas de forcejear con su atacante. Se arrodilló frente a Atsuko, tocándole el rostro con ambas manos.

  —Te dije que corrieras —dijo con voz temblorosa, entre la ira y el alivio.

  —No podía... no podía dejarte sola...

  Atsuko rompió a llorar con violencia, apoyándose contra ella. Satsuki la sostuvo, más serena de lo que ninguno esperaba, acariciándole el cabello con movimientos lentos, casi mecánicos.

  La profesora Hatanaka se giró hacia los demás, recobrando el tono firme que aún podía sostener en situaciones límite.

  —?Hay heridos?

  Un par de manos se alzaron con cortes menores y algunos moretones. Masato tenía un rasgu?o largo en el antebrazo. Akane le echó un vistazo rápido y lo cubrió con una tela limpia.

  —Los demás goblins huyeron —dijo Goro, con el garrote aún en la mano, salpicado de sangre púrpura —pero si estos estaban tan cerca, podrían volver con más.

  —Entonces no podemos quedarnos aquí —concluyó Hatanaka —Tenemos que movernos. Encontrar un sitio más seguro y pasar la noche como podamos.

  —?Y los cuerpos? —preguntó Nozomi, se?alando los cadáveres aún tibios.

  —Que el bosque los reclame.

  Kenta y Yusuke se encargaron de arrastrar los cuerpos al borde del claro, cubriéndolos con ramas gruesas y hojas. Nadie dijo nada mientras lo hacían. El olor a sangre, aunque tenue, parecía impregnarse en todo.

  Yumi observaba a Atsuko en silencio. Aun con los ojos hinchados, no soltaba la mano de Satsuki. Parecía una ni?a mucho más peque?a de lo que era.

  —?Qué haces? —le preguntó Kakeru a Yusuke, acercándose a él mientras este cerraba el libro que llevaba consigo.

  —Reconocimiento básico. El diario de Takar tiene registros de especies, comportamiento, riesgos... cosas así. Es como una guía de campo de este mundo. Y estos goblins —explicó, golpeando suavemente la tapa del libro —no suelen atacar en grupos tan peque?os. Esto podría haber sido una patrulla. O una avanzadilla.

  —?O sea qué…?

  —Que podrían no ser los únicos. Y que si tienen una guarida cerca, quizá nos hemos instalado demasiado cerca sin saberlo.

  —Genial —masculló Goro —de mal en peor.

  —Por eso debemos movernos ya —intervino Hatanaka, volviendo a levantar la voz —Reunid lo que podamos cargar rápido. En cinco minutos partimos. No más.

  —?Hacia dónde? —preguntó Akane.

  Yusuke alzó el libro.

  —Si seguimos hacia donde vinisteis tú y los chicos, ese arroyo puede servir de punto de descanso y referencia. Más allá, las ruinas parecen densas. Y si hay ruinas, puede haber refugio.

  La profesora asintió.

  —Tendrá que servir, a falta de algo mejor. En marcha.

  Mientras los demás comenzaban a moverse, Satsuki logró poner a Atsuko en pie. Ella se tambaleaba ligeramente, pero no soltaba su mano. Yumi se ofreció a ayudar a cargar su mochila. Atsuko no se quejó.

  Kakeru caminaba en silencio, con la vista fija al frente. Solo una vez se volvió para mirar atrás. Aún podía ver el charco púrpura en la tierra donde Atsuko había descargado toda su rabia. Bajó la vista. Luego siguió caminando, sin decir nada.

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  El bosque los volvió a envolver.

  ///

  El grupo llegó a las ruinas poco antes de que cayera la noche por completo. El bosque se abría en un claro irregular, donde los restos de una antigua construcción sobresalían entre la maleza: muros semiderruidos, columnas partidas cubiertas de enredaderas, y lo que alguna vez fue una escalinata tallada en piedra, ahora carcomida por el tiempo.

  —Aquí es —dijo Masato, deteniéndose junto a un muro bajo —El arroyo está detrás de ese promontorio.

  La profesora Hatanaka asintió.

  —Bien. Nos instalaremos aquí por ahora. Buscad algún sitio elevado o resguardado donde podamos montar un perímetro. No quiero sorpresas esta noche.

  Akane y Kenta se ocuparon de revisar la estructura más estable: una cámara semicerrada entre piedras caídas, con un único acceso visible. No era cómodo, pero ofrecía cierta protección.

  —Con esto nos basta por hoy —dijo Kenta, soltando la mochila con un suspiro.

  Mientras tanto, Goro, Nozomi y Yusuke preparaban una peque?a fogata en el centro del claro, resguardada por las piedras. Yumi y Masato se turnaban para ir al arroyo y llenar cantimploras. El agua estaba fría, pero limpia.

  Atsuko permanecía en silencio. Sentada sobre una losa inclinada, mantenía la mirada fija en el suelo, aún con restos de sangre seca en las u?as. Satsuki se había sentado a su lado, sin decir palabra, simplemente permaneciendo allí.

  —?Cómo está? —preguntó Yumi en voz baja, dejando una cantimplora a su lado.

  —No ha vuelto a decir nada desde que salimos —respondió Satsuki, sin mirarla —Pero al menos camina por sí misma.

  —Tiene motivos para estar así. Todos lo vimos.

  —Lo sé —dijo Satsuki, bajando la voz —Pero no es solo lo que pasó. Es que ella... no sabe procesarlo.

  Yumi asintió, comprendiendo más de lo que dijo.

  Mientras los demás se repartían el escaso alimento y encendían la hoguera, el silencio era espeso. El crepitar del fuego y el canto lejano de los insectos nocturnos llenaban los huecos que dejaban las palabras que nadie quería pronunciar.

  Kakeru se apartó un poco del grupo, subiendo por un tramo de escaleras derruidas hasta una plataforma elevada. Desde allí, observó el bosque, atento a cualquier movimiento. La luna asomaba entre las nubes, blanca y solitaria.

  Yusuke lo alcanzó tras un rato, cargando el libro de Takar bajo el brazo.

  —?Turno de vigilancia? —preguntó.

  Kakeru asintió.

  —No quiero más sorpresas.

  Yusuke se sentó a su lado.

  —No eres el único que no puede dormir.

  Kakeru no respondió de inmediato. Después, murmuró:

  —No estoy acostumbrado a esto.

  —Nadie lo está. Pero tienes instinto. Eso ayuda.

  —No fue suficiente para protegeros.

  Yusuke lo miró un momento, pero no replicó. En lugar de eso, abrió el libro y comenzó a pasar páginas con cuidado.

  —Este lugar... parece haber sido parte de algún templo o fortaleza —comentó —Las columnas, la forma del recinto... Incluso el canal por donde fluye el arroyo parece tallado a propósito.

  —?Quieres decir que alguien vivía aquí?

  —Hace mucho. O que era un sitio importante. Quizá aún lo sea para quienes no queremos cerca.

  Kakeru frunció el ce?o.

  —?Crees que los goblins volverán?

  —Si tienen cerebro, probablemente estén planeando cómo. Así que sí.

  Kakeru apretó los dientes, se levantó y bajó de nuevo hacia el campamento. No podía quedarse quieto.

  Al llegar al fuego, Akane lo miró y asintió con la cabeza.

  —Ve a descansar cuando quieras. Yo tomaré el primer turno.

  —Aún no.

  En la penumbra, Atsuko seguía en el mismo sitio. A su lado, Satsuki había cerrado los ojos, pero mantenía la mano apoyada sobre la suya. Como si necesitara anclarla.

  Yumi las cubrió con una manta sin hacer ruido.

  La noche avanzó lentamente. Y entre las ruinas, el grupo entero dormía mal y poco, conscientes de que ma?ana podrían necesitar cada gramo de energía que les quedaba.

  ///

  Al amanecer, Kakeru despertó de golpe al oír un grito desgarrador.

  —?NO ME TOQUES!

  Se incorporó como si un resorte lo hubiera impulsado, la mano ya en la empu?adura improvisada que usaba como defensa.

  —??Qué pasa?! —preguntó alarmado mientras se ponía en pie de un salto.

  Sus músculos se relajaron solo un poco al ver que no había goblins, ni se?ales de peligro inmediato. El campamento parecía intacto. Solo había tensión. Una nueva, distinta.

  Hajime Nomura se le acercó con aire somnoliento, arrastrando los pies.

  —Tranquilo, delegado. No es nada peligroso. Solo una escenita más de las nuestras.

  —?Eh?

  Al fondo, cerca de una de las columnas derruidas, Atsuko se frotaba el brazo con desesperación. Su expresión era una mezcla de horror y repulsión. Kenta estaba frente a ella, confuso y con las manos en alto, como si eso bastara para calmarla.

  —Pero si no he hecho nada... —balbuceó él.

  —?MENTIROSO! ?Me has tocado! ?Aléjate de mí, pervertido!

  —?Lo siento! No pretendía...

  —?CáLLATE! —gritó ella. Se frotaba con tanta fuerza debajo de la blusa que algunos se preguntaron si iba a arrancarse la piel —?Todos los chicos sois asquerosos! ?Asquerosos! ?ASQUEROSOS! ?Deberíais moriros todos!

  —?Atsuko, cálmate! —intervino Satsuki, acercándose con paso firme —Kenta solo quería coger su bolsa. Se le cayó cerca de ti. Te rozó por accidente, eso fue todo.

  —?No le creas, Satsuki-neesama! ?Tenía segundas intenciones, lo sé!

  —?Atsuko! —el tono de Satsuki cambió. Sonó más grave, más firme. Hasta los que miraban desde lejos se tensaron —Lo entiendo. Todos estamos asustados. Especialmente después de lo que pasó. Pero si empezamos a atacarnos entre nosotros, esto se va a ir al demonio muy rápido. Respira. Cálmate. Por favor.

  Atsuko pareció congelarse por un momento. Luego bajó la mirada y se encogió sobre sí misma, dándose la vuelta y abrazando sus rodillas sin responder.

  Satsuki suspiró. Luego se dirigió a Kenta.

  —Lo siento, Kenta —dijo con una ligera reverencia —No te lo tomes a mal.

  —?No, no! ?Por favor! ?Yo también debí tener más cuidado! —contestó él, nervioso —Lo siento, Aizawa.

  No hubo respuesta. Atsuko solo permaneció en su rincón, temblando levemente.

  El sol ya empezaba a calentar las piedras. Los primeros pájaros cantaban entre los árboles. Pero la atmósfera del grupo seguía fría y quebradiza. Nadie decía nada, pero todos sabían que algo se había roto, y que las heridas tardarían más que una noche en cerrarse.

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