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Already happened story > The Cat’s Curse (español) > 44. Sacrificios

44. Sacrificios

  Mochi caminaba por los pasillos de la posada con pasos ligeros. Hacía apenas unos minutos que había cambiado de lugar con Miyu para cubrir la guardia nocturna. La oscuridad no le molestaba en absoluto; podía ver con claridad. Aun así, se mantenía alerta. La seguridad de todos dependía de ella.

  Sin embargo, cada vez que bajaba un poco la guardia, su mente inevitablemente se desviaba… y una sonrisa aparecía en su rostro.

  Solo espera, Haruka… pensó, sintiendo cómo el calor le subía al rostro. Haré que te enamores perdidamente de mí.

  El sonrojo llegó un segundo después, acompa?ando la vergüenza por sus propios pensamientos. Desde que Miyu la había ayudado a reconocer lo que sentía, algo había cambiado en su interior. Se sentía más ligera, como si se hubiera quitado un peso enorme de encima. Ahora sabía qué quería… y estaba convencida de que podía alcanzarlo.

  El silencio reinaba en la posada. Solo Se oía el rugido del viento golpeando el exterior.

  Mochi se encontraba en el primer piso. Acababa de revisar las entradas y todo parecía estar en orden. Se detuvo frente a una máquina expendedora, cruzándose de brazos.

  —Tch… —murmuró.

  No había electricidad. De haberla habido, habría comprado una lata de café caliente para combatir el frío. Se quedó observando la máquina unos segundos, pensativa, intentando imaginar alguna forma de sacar una lata… aunque ni siquiera consideró que, sin energía, el café estaría helado de todos modos.

  Entonces—

  BOOM.

  Un estallido atronador sacudió el aire.

  Mochi dio un salto por la sorpresa. Sus orejas se irguieron de golpe y su cola se tensó al máximo. El corazón le dio un vuelco mientras giraba la cabeza, analizando su entorno en una fracción de segundo.

  —Eso vino del segundo piso…

  No perdió tiempo. Se colocó los pu?os americanos, sintiendo el frío del metal ajustarse contra sus dedos. Echó a correr hacia las escaleras y las subió de dos en dos.

  Al llegar a la segunda planta, se detuvo apenas un instante. Miró hacia la izquierda.

  El sonido había venido de allí.

  Pensó en avisar a Haruka y a Miyu, pero su habitación estaba en la dirección opuesta. Dudó solo un segundo antes de tomar una decisión.

  Ambas tuvieron que haberlo escuchado… y si alguien está herido… pensó

  Apretó los pu?os y se dirigió hacia el origen del estruendo, avanzando por el pasillo oscuro con el cuerpo tenso y los sentidos al máximo.

  Mochi apenas había avanzado unos pasos cuando se detuvo en seco.

  Frente a ella estaba Genzou, el due?o de la posada.

  Su rostro y su ropa estaban salpicados de sangre.

  —?Genzou-san! ?Está herido…?

  La preocupación apenas duró un segundo.

  El tiempo justo para que Genzou levantara una escopeta y la apuntara directamente al pecho.

  En ese instante, todo encajó.

  El estruendo… fue un disparo.

  Los instintos de Mochi reaccionaron antes que su mente.

  Se lanzó al suelo—

  BOOM.

  El disparo retumbó en el pasillo. La descarga destrozó los cristales de la ventana que tenía detrás, haciendo estallar fragmentos por el aire. Mochi apretó los dientes con una mueca de dolor. El estruendo le atravesó el cráneo como una aguja.

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  Sus oídos sensibles ardían.

  Un silbido agudo llenó su cabeza, anulando cualquier otro sonido.

  Aun aturdida, alzó la vista y vio a Genzou recargando con movimientos rápidos y prácticos, expulsando los cartuchos vacíos y colocando otros nuevos sin titubear.

  No llegaré antes de que termine…

  El pasillo era estrecho. No tendría espacio para esquivar otro disparo.

  Mochi tomó una decisión al instante.

  Se incorporó de un salto y echó a correr hacia las escaleras. Sin frenar, saltó sobre la barandilla.

  BOOM.

  Otro disparo estalló en el aire.

  La madera de la barandilla explotó justo por el punto donde había pasado su cuerpo.

  Mochi aterrizó en el primer piso con una caída limpia y ágil. No tuvo tiempo de relajarse.

  Por el rabillo del ojo vio un destello.

  Un hacha descendía directo hacia ella.

  Sus reflejos actuaron al límite. Mochi lanzó un pu?etazo, golpeando el costado del arma y desviando su trayectoria por centímetros.

  La atacante era Ume.

  Sin darle oportunidad de reaccionar, Mochi avanzó y le propinó un golpe preciso en el estómago, conteniéndose para no excederse. El aire abandonó los pulmones de Ume en un jadeo ahogado. El hacha cayó al suelo y ella se desplomó, inconsciente.

  —?UME! —rugió Genzou desde lo alto de las escaleras.

  Apuntó la escopeta hacia Mochi con furia, el dedo tensándose sobre el gatillo.

  Pero no llegó a disparar.

  Una ráfaga de viento helado lo golpeó de lleno, levantándolo del suelo y estrellándolo contra la pared con un golpe seco. Su cuerpo rebotó y rodó escaleras abajo hasta detenerse en el piso, completamente inconsciente.

  Miyu apareció de inmediato y se apresuró a tomar la escopeta, alejándola por si Genzou despertaba.

  Los empleados comenzaron a llegar uno tras otro, despertados por los disparos y el caos.

  —Traigan algo para atarlos —ordenó Haruka con voz firme.

  El chef de la posada se acercó, mirando la escena con el rostro pálido.

  —?Qué fue lo que sucedió aquí…?

  —No lo sé —respondió Haruka—. Pero como puedes ver, la pareja estaba armada y nos atacó.

  El chef recorrió el lugar con la mirada, inquieto, como si buscara algo… o a alguien.

  Entonces, sin decir una palabra más, se dio la vuelta y se marchó apresuradamente.

  Una vez que uno de los empleados trajo cuerdas, la pareja fue atada con cuidado. Genzou y Ume yacían inconscientes en el suelo, inmóviles.

  Haruka se arrodilló junto a ellos, cerró los ojos un instante.

  —Siento rastros leves de éter en ambos —dijo finalmente—. No es suficiente para controlarlos directamente… pero pudieron haber sido manipulados o persuadidos.

  —Entonces… ?hay una anomalía dentro de la posada? —pregunto Miyu.

  —Es lo más probable —respondió Haruka con seriedad—. Tenemos que realizar una búsqueda, pero sin poder percibir bien el éter será complicado. Lo mejor será despertarlos e interrogarlos para obtener más información.

  Las tres comenzaron a pensar rápidamente un plan.

  En ese momento, uno de los empleados apareció corriendo por el pasillo. Estaba pálido, tembloroso. Se?aló hacia el fondo con el brazo rígido.

  —H-hay… hay un cuerpo…

  Haruka fue la primera en moverse. Siguió al empleado y, tras unos minutos, regresó con el rostro serio.

  —Está muerta. Las heridas coinciden con un hacha.

  El ambiente se volvió pesado.

  Mochi y Miyu seguían intentando despertar a la pareja sacudiéndolos, sin éxito.

  —.No se muevan solos. Revisen si hay heridos y manténganse en grupos —ordenó Haruka.

  Los empleados asintieron nerviosos y comenzaron a dispersarse con cautela.

  Fue entonces cuando el chef volvió a aparecer.

  Había algo extra?o en él. Su respiración era irregular, los músculos de su rostro tensos. Pero ninguna de las tres le prestó atención en ese momento.

  Hasta que ocurrió.

  —?AAAAHHH!

  El grito de ira del chef rasgó el aire.

  ?CRAC!

  Un sonido húmedo y contundente siguió al alarido.

  Luego, los gritos de pánico.

  Las tres se giraron al mismo tiempo.

  El chef estaba de pie, con el hacha hundida profundamente en el cráneo de Genzou. La sangre salpicó el suelo y sus manos temblaban, aferradas al mango.

  Por un segundo, nadie se movió.

  Luego, los empleados más cercanos reaccionaron y se lanzaron sobre él. A pesar de que el chef era un hombre grande y fornido, lograron reducirlo y sujetarlo contra el suelo.

  él seguía gritando, fuera de sí, con la voz rota por la rabia.

  —?Maldito bastardo! —rugía—. ?Mataste a Kaori! ?Espero que ardas en el infierno!

  Pasaron varios minutos desde entonces.

  La situación se había vuelto completamente caótica.

  Mochi no pudo evitar agradecer, una vez más, que Haruka estuviera allí. A pesar del pánico, los gritos, ella logró imponerse con una calma casi sobrehumana. Su voz firme atravesó el desorden y, poco a poco, fue devolviendo algo parecido al control.

  Con rapidez y precisión, organizó a los empleados. Hizo que se llevaran al chef a una habitación apartada y ordenó que los cuerpos fueran trasladados a otra, lejos de la vista de todos. Cada instrucción era clara, sin margen para dudas.

  Luego llevaron a Ume a un lado.

  Cuando despertó, estaba desorientada, con la mirada perdida y el rostro empapado en lágrimas. Por fortuna, nadie mencionó la muerte de Genzou.

  No tardó en confesarlo todo.

  Entre sollozos, explicó cómo algo se había manifestado ante ellos y se presentó como Mizuchi-sama, la deidad protectora del lago. Les habló con una voz tranquilizadora… y les ofreció un trato.

  Traería de vuelta a su hija.

  A cambio de tres vidas.

  El silencio que siguió a su confesión fue pesado.

  Dejando a Ume bajo vigilancia, las tres se dirigieron al lugar donde debería encontrarse el cuerpo de Rin.

  Lo que encontraron las dejó sorprendidas.

  Rin estaba allí.

  Viva.

  Su pecho subía y bajaba con lentitud, su piel estaba tibia, su respiración estable. Parecía sumida en un sue?o tan profundo que no importaba cuánto intentaran despertarla: no reaccionaba.

  —?No se suponía que debían entregar tres vidas para que reviviera…? —murmuró Mochi, confundida—. Pero solo alcanzaron a matar a dos personas. Entonces… ?por qué la trajo de vuelta?

  Haruka levantó la mirada, seria.

  —Te equivocas —respondió—. Al final, sí se ofrecieron tres vidas.

  Hizo una pausa.

  —Genzou fue el tercero.

  Ahora tenían un problema mucho mayor.

  Haruka examinó cuidadosamente a Rin. No encontró nada extra?o. Ninguna alteración, ningún residuo, ningún rastro que delatara la intervención de una anomalía.

  Y aun así…

  No podían dejarla sola.

  Tampoco podían permitir que los empleados la encontraran. Explicar por qué alguien que debía estar muerta seguía con vida solo traería miedo, caos y preguntas peligrosas. Alertar a personas normales sobre anomalías debía ser siempre la última opción. Nunca terminaba bien.

  La decisión fue rápida.

  Llevaron a Rin a su habitación.

  Con cuidado de no ser vistas, Haruka y Miyu la cargaron entre ambas y la acomodaron con suavidad sobre un futón, cerca de la estufa para mantenerla caliente. Allí podrían vigilarla de cerca, lejos de miradas indiscretas.

  Mientras tanto, Mochi recorría la posada.

  Buscaba a la anomalía.

  La razón por la que era ella la encargada de buscar y no Haruka era simple: en este momento, percibir el éter más allá de unos pocos pasos de distancia era casi imposible. Pero Mochi tenía sus agudos sentidos, con su gran vista, oído y olfato, ella tenía muchas más posibilidades de hallar a la anomalía.

  —Haruka-san… —preguntó Miyu en voz baja mientras observaban a Rin—. ?Es posible algo así? ?Existen anomalías capaces de revivir a los muertos?

  Haruka negó lentamente con la cabeza.

  —No lo sé. Las habilidades de las anomalías son extremadamente variadas. He leído textos antiguos que hablan de anomalías con poderes curativos… pero nada como esto.

  Pensó durante unos segundos más.

  —Tal vez… —a?adió— Rin no estaba muerta desde el inicio. Fue un error confiar en ello sin comprobarlo por mí misma.

  Suspiró.

  —Pudo haber estado en coma, o en un estado cercano a la muerte. Y esta anomalía la trajo de vuelta… o peor aún, puede que haya sido ella misma quien la mantuvo así todo este tiempo.

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