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Already happened story > The Cat’s Curse (español) > 29. Tendiendo una trampa

29. Tendiendo una trampa

  Al día siguiente, Mochi y Miyu volvieron a reunirse en el patio durante el almuerzo para discutir la situación.

  Mochi ya no se sentía segura quedándose a dormir en un lugar donde habitaba una anomalía, pero también se negaba a abandonar el departamento. No solo sería una molestia mudarse de regreso y explicarles a sus padres por qué volvía a casa, sino que además sería un golpe directo a su orgullo. Ella se negaba a perder.

  —No sé en qué está pensando esa anomalía… —se quejó Mochi mientras mordía un taiyaki que había comprado. Normalmente preparaba un almuerzo casero, pero con todo el caos de la noche anterior terminó durmiéndose tarde, despertó aún más tarde, y apenas llegó a tiempo a la primera clase—. Hasta ahora no me ha atacado.

  —Sempai, ?y si todo esto es parte de su plan? —dijo Miyu con expresión seria—. Piensa en ello. Te mantiene despierta y nerviosa para que te debilites por falta de sue?o… y cuando estés agotada, te atacará cuando menos lo esperes.

  Miyu se puso de pie, apretando los pu?os con determinación.

  —?No podemos dejar que se salga con la suya! Hay que atraparlo.

  —Sí, suena bien, pero… ?cómo lo haremos? —Mochi suspiró—. Busqué hasta el cansancio en cada rincón de la casa y no encontré nada. ?Se te ocurre algún plan?

  Miyu sonrió de inmediato, como si hubiera estado esperando justo esa pregunta.

  —De hecho, sí tengo un plan. Zeke me ayudó a pensar una estrategia para lidiar con este problema. Te aseguro que esta vez no se escapará.

  Mochi la miró con cierta desconfianza. No tenía idea de qué clase de “estrategia” podían haber ideado entre esos dos.

  —

  Esa misma noche, Mochi puso en marcha el plan de Miyu. Preparó todo y se fue a dormir esperando que la anomalía volviera a actuar… y así fue.

  Despertó en plena madrugada por los mismos ruidos de siempre, pero esta vez no se levantó a revisar. Se quedó en la cama, inmóvil, atenta a cualquier cosa que intentara entrar a su habitación, mientras le escribía mensajes a Miyu para informarle.

  Los ruidos continuaron hasta que amaneció. Entonces, repentinamente, se detuvieron.

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  Unos minutos después, su teléfono vibró con un mensaje de Miyu.

  Mochi salió de la cama y fue directo a la puerta principal. Al abrirla, encontró a Miyu sosteniendo su wagasa, repleta de energía.

  —?Buenas, sempai! ?Lista para acabar con esto de una vez por todas? —saludó con su entusiasmo habitual. Amante de lo sobrenatural como era, Miyu estaba genuinamente emocionada por participar en lo que sonaba como una cacería de fantasmas… aunque sabía que lo que buscaban no era un fantasma, sino una anomalía.

  —Vamos a ello —respondió Mochi con firmeza.

  La noche anterior, antes de acostarse, Mochi había cerrado todas las puertas y ventanas de la casa, así como cajones, estantes y armarios. Luego colocó peque?os trozos de cinta adhesiva, bien escondidos, de forma que nadie pudiera verlos a menos que supiera exactamente dónde buscar.

  El plan era simple:

  Si alguna cinta aparecía despegada, significaba que esa puerta —o cajón— había sido abierta durante la noche.

  Ahora solo tenían que revisarlas una por una.

  Comenzaron la inspección por todos los posibles puntos de entrada: ventanas y puertas que daban al exterior. Era muy posible que la anomalía no estuviera viviendo dentro del departamento, sino que entrara desde fuera… lo cual explicaría por qué Mochi no pudo encontrarla sin importar cuánto buscara.

  Pero, para su sorpresa, todas las cintas de esas entradas estaban intactas.

  —Sempai… —murmuró Miyu mientras observaba una ventana— inicialmente pensé que esto confirmaría que la anomalía estaba adentro, pero… ?y si tiene otras formas de entrar? Por ejemplo, atravesando las paredes… o quizá su apariencia es algo parecido a una serpiente o un insecto y es capaz de meterse por las tuberías. No sé si las anomalías tienen un estándar de forma… si están limitadas a humanoides o pueden ser otras cosas también.

  Mochi se detuvo un momento a pensar. Lo que Miyu decía tenía bastante sentido; después de todo, la primera anomalía que Miyu había visto resultó ser… una cabina telefónica.

  La verdad era que ambas tenían muy poca información. Puede que la estrategia de la cinta adhesiva no tuviera ningún sentido en absoluto… pero ya era tarde para echarse atrás. Al menos revisarían todo hasta el final; con suerte, encontrarían algo.

  Continuaron revisando cada puerta del departamento y, para su sorpresa, sí dieron con algo.

  —Miyu, mira esto —dijo Mochi, se?alando un peque?o trozo de cinta adhesiva caído frente a una de las puertas—. Al final, era este cuarto. Pero antes ya busqué aquí y no encontré nada.

  —Busquemos otra vez —respondió Miyu, acercándose—. ?Qué hay ahí dentro?

  —Un montón de cajas con muebles, ropa de los antiguos inquilinos y otras cosas. La inmobiliaria me dijo que podía quedarme con lo que quisiera y deshacerme del resto, pero… aún no me puse a ello.

  Mientras hablaban, ambas entraron en la habitación con sus armas en mano. Dentro no parecía haber nada fuera de lo normal. Revisaron la ventana que daba al exterior, pero estaba intacta. Sin embargo, una cinta se había caído: la que debía estar en la puerta del armario. Mochi había revisado ese armario con anterioridad y solo había encontrado ropa vieja, nada más.

  —Sempai, ya sabes qué hacer —susurró Miyu mientras se ponía en guardia, sosteniendo su sombrilla con fuerza, lista para usarla en cualquier instante.

  Mochi asintió, dio unos pasos hasta colocarse justo frente a la puerta del armario. Giró un segundo para mirar a Miyu, como una se?al para que se preparara, y entonces se concentró. Tal como había hecho incontables veces hasta ahora, intentó percibir el éter en el interior. Gracias a la práctica adquirida últimamente, era capaz de ajustar en cierta medida la intensidad de la onda de éter que enviaba.

  Su plan era simple: enviar un pulso con la mayor intensidad posible para sorprender y alterar a cualquier anomalía que pudiera estar escondida allí. Si algo estaba dentro, la explosión repentina de éter debería delatarlo.

  Y funcionó.

  Dentro del armario se desató un estruendo: algo se movía desesperado en el interior, golpeándose contra las paredes como un animal atrapado, completamente en pánico.

  El ruido repentino tomó por sorpresa a Mochi, pero la rápida voz de Miyu la devolvió a la realidad.

  —?Sempai!

  Mochi se apresuró y, con un solo golpe, abrió la puerta del armario de par en par.

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