Acompa?ada de Miyu, revisé el exterior de la cabina. Por más que mirara desde distintos ángulos, no era más que una cabina común y corriente. Pensé en entrar, pero Miyu no se despegaba de mí, y no quería hacerla sentir incómoda obligándola a acercarse. Era evidente que seguía aterrada.
—Miyu, ?qué te parece si nos alejamos un poco de la cabina y esperamos a que Haruka regrese con tu amigo?
Ella asintió sin decir palabra, así que nos retiramos unos metros y nos sentamos juntas, cerca del túnel. El silencio se volvió pesado, casi opresivo. Fue entonces cuando se oyó:
Riiing... Riiing...
El sonido del teléfono.
Mi cuerpo se tensó de inmediato. Miyu también giró lentamente la cabeza hacia la cabina, como si temiera confirmar lo que presentía.
—M-Mochi... —murmuró con la voz temblorosa mientras alzaba el brazo y se?alaba—. Está ahí... el fantasma... está dentro...
Volteé hacia la cabina. A simple vista no vi nada. Seguía tan vacía y limpia como la habíamos visto antes. Pero Miyu no mentía. Lo supe por la forma en que se le erizaba la piel, por cómo su respiración se entrecortaba y por ese terror real brillando en sus ojos.
Cerré los ojos y respiré hondo.
?Concéntrate, Mochi… siente el éter.?
Tal como Haruka me había ense?ado.
Al principio, no percibí nada... pero luego, como si algo invisible se arrastrara por el suelo, sentí una presencia. Una presión pesada y densa que emanaba desde la cabina. No podía verlo, pero estaba ahí.
—Tienes razón... hay algo dentro —susurré.
—No debemos acercarnos… Daichi murió justo después de contestar… si respondemos, quizás nos pase lo mismo…
CLACK.
La puerta de la cabina se abrió de golpe, con un sonido seco y violento que nos sobresaltó.
—?CORRE AL TúNEL!
Ambas dimos un paso atrás para huir, pero no alcanzamos a dar el segundo…
Un viento repentino —más que viento, se sintió como una fuerza invisible— nos golpeó de frente. Me tambaleé, pero fue Miyu quien salió volando.
—??MIYU!!
Su cuerpo fue arrastrado como si no pesara nada, como una mu?eca de trapo, directo hacia la cabina. Golpeó con fuerza la espalda contra la carcasa metálica del teléfono. El impacto la dejó sin aire; cayó sentada en el suelo, con los ojos abiertos por el dolor. Entonces, el auricular del teléfono cayó colgando frente a ella, oscilando como un péndulo.
Y en ese instante, lo oímos.
Una risa.
No era humana. Era macabra, distorsionada...
—Jejejeje... jeje... jaaah...
La puerta de la cabina se cerró de golpe, atrapando a Miyu dentro.
Y luego, el auricular comenzó a moverse por sí solo. Se alzó en el aire, como una serpiente que se prepara para atacar… y se lanzó directo al cuello de Miyu.
—??MIYU!!
Corrí hacia la cabina sin pensar.
El cable del auricular se enrolló como un lazo alrededor de su garganta y comenzó a apretar. Miyu llevó las manos a su cuello, luchando desesperadamente por liberarse, buscando aire que no llegaba. Sus ojos estaban desorbitados, la boca abierta intentando respirar. Los sonidos que salían de su garganta eran húmedos, desesperados.
Me arrojé contra la cabina, grité su nombre, golpeé el cristal con mis pu?os, pateé la puerta con todas mis fuerzas.
—??MIYU!! ??RESISTE!!
Pero el vidrio no se rompía. Era como si no existiera forma de alcanzarla. Solo podía verla ahí dentro… debilitándose… su mirada perdiendo el foco… y aun así, estiraba una mano hacia mí. Como si creyera que yo podía salvarla.
Mis manos temblaban. El corazón me latía con fuerza, al borde del colapso. Sentí el pánico apoderarse de mí, paralizante.
??Piensa, Mochi! ?Piensa! ?Cálmate! ?Haz algo!?
Y entonces lo recordé.
Los pu?os... mis armas.
Metí las manos en los bolsillos con torpeza, saqué los pu?os americanos, y sentí el frío del metal contra mi piel. Sin pensarlo, levanté el brazo derecho y lancé un golpe directo contra el cristal de la puerta.
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?CRACK!
Una grieta estalló desde el punto de impacto. Me quedé sin aliento por la sorpresa, pero no me detuve. Lancé otro golpe.
?CRACK! ?CRACK!
Más grietas se extendieron como una telara?a. Un tercer golpe, más fuerte que los anteriores.
??SHRAAAASH!!
El vidrio estalló en pedazos.
Pero antes de que pudiera entrar, algo salió de la cabina.
Una sombra.
Una figura borrosa, densa, hecha de pura oscuridad. Gritó con un sonido gutural, inhumano, y se abalanzó sobre mí.
No pensé. Solo reaccioné.
Grité y lancé un pu?etazo con la izquierda, directo al centro de esa cosa.
?PUM!
El golpe fue limpio. Sentí una resistencia mínima, como golpear una nube densa… y en ese instante, la sombra se desintegró frente a mí, desvaneciéndose en el aire como humo disipado por el viento.
Dentro de la cabina, el auricular que aún estaba enrollado en el cuello de Miyu cayó al suelo con un golpe seco.
Ella se derrumbó hacia adelante, tosiendo con fuerza, jadeando. Estaba viva.
Corrí hacia ella.
—?Miyu! ?MIYU! ?Estoy aquí!
Me arrodillé a su lado, temblando. Le tomé el rostro entre las manos, sintiendo su piel cálida contra mis dedos.
—Ya pasó… ya estás a salvo…
Aunque mi corazón seguía latiendo como un tambor desenfrenado, al verla respirar, al sentir que estaba viva… supe que lo había logrado.
La luz del interior de la cabina parpadeó y se apagó. Mientras ayudaba a Miyu a salir, eché un vistazo al interior… y era completamente distinto.
Los cristales estaban rotos, astillados por todas partes. La pintura que antes parecía impecable se había desvanecido. El metal estaba oxidado, viejo y cubierto de polvo. No parecía la misma cabina que habíamos visto minutos atrás.
Me concentré, tratando de sentir el éter.
Nada.
No había rastro de esa anomalia. La sombra que golpeé… debía haber sido la anomalía que habitaba allí.
La derroté.
Sonreí, aún jadeando.
No puedo esperar a que Haruka regrese… ?voy a presumírselo! ?Es la primera anomalía que derroto!
En ese momento, Haruka salió del túnel. Estaba sola. Al vernos, apresuró el paso hacia nosotras.
—?Mochi! ?Qué sucedió? ?Estás bien?
Me revisaba de arriba abajo, con el ce?o fruncido por la preocupación, buscando heridas visibles.
—Calma, Haruka, estamos bien —le respondí con una sonrisa débil.
Tomé aire y me tomé un momento para contarle todo lo que había pasado. Su expresión osciló entre el enojo y el alivio. Me rega?ó por haber actuado imprudentemente, pero luego me felicitó por haber salvado a Miyu… y por haber derrotado a la anomalía.
—Disculpa… ?qué pasó con Shunji? ?Por qué no está contigo? —preguntó Miyu, con la voz aún débil.
—No pude encontrarlo. Fui hasta el otro lado, revisé todo el túnel, pero no había rastro de él. Tampoco parecía haber se?ales de que algo malo le hubiera pasado. Es probable que ya haya regresado a su casa por su cuenta.
—Ya veo… —susurró Miyu, cabizbaja.
Después de eso, las tres caminamos juntas hasta la parada del bus. Allí nos despedimos. Haruka explicó que Miyu debía acompa?arla a la sede de OHRA para ser evaluada. Yo, en cambio, me iría directo a casa. Así que tomamos diferentes buses.
***
Minutos antes, mientras nosotras enfrentábamos a la anomalía, Haruka se adentraba sola en el túnel.
A cada paso que daba, el aire se volvía más espeso, más opresivo… cargado de éter oscuro y contaminado.
Podía sentirlo con claridad. Había una presencia cerca. Muy cerca.
Pero no lograba identificar su ubicación exacta. Era como si se desplazara entre las sombras, invisible… como si la rodeara, acechando desde todos los ángulos a la vez.
Entonces, escuchó una voz.
—…Ayuda… por favor… ayúdame…
La reconoció al instante. Era la voz del chico que había huido antes. Shunji.
Haruka alzó la linterna y comenzó a avanzar más rápido, alerta, sin bajar la guardia.
—?Sigue mi voz! ?Estoy aquí! —gritó con fuerza—. ?Te sacaré de aquí!
La respuesta fue apenas un murmullo. Un sollozo débil.
Y entonces lo vio.
La tenue luz de su linterna reveló su figura, apenas a unos metros por delante. El chico estaba de pie en medio del túnel, inmóvil… salvo por un leve vaivén inquietante. La cabeza ladeada, los brazos colgando a los costados como si fueran de trapo. Su rostro estaba cubierto por las sombras, pero sus labios se movían, murmurando una y otra vez.
—Me duele… muuucho…
—Me duele… muuucho…
—Me duele… muuucho…
Su voz era hueca. Mecánica. Como si repitiera esas palabras por reflejo, no por voluntad.
Haruka se detuvo en seco.
Y en ese instante, lo entendió todo.
?Llegué tarde.?
Aun así, su voz no tembló.
—No te preocupes… te ayudaré.
Avanzó con calma, los ojos serenos. Mientras caminaba, deslizó la mano derecha dentro de la manga de su abrigo, buscando lo que siempre llevaba consigo.
El chico alzó la cabeza.
Su rostro estaba retorcido por una mueca de sufrimiento antinatural. Sus ojos… negros como el vacío, brillaban con una luz maligna. Estaban vacíos.
Y sin previo aviso, se lanzó hacia ella.
Pero Haruka no se sobresaltó.
En un solo y fluido movimiento, extrajo su abanico de cristal y lo desplegó con una elegancia casi ritual. Su voz, firme y serena, resonó en el túnel:
—Perfora.
El suelo bajo los pies del chico explotó en un estallido de cristales helados. Carámbanos largos y filosos como lanzas surgieron desde las profundidades, proyectándose hacia arriba con precisión letal.
?SHUNK! ?SHUNK! ?SHUNK!
Los cristales lo atravesaron como si fuera de papel. Uno le perforó el abdomen, otro el pecho, un tercero le cruzó el cuello. La sangre brotó en un violento chorro, ti?endo de rojo el hielo.
El cuerpo del chico se sacudía con espasmos incontrolables, como una marioneta colapsando. Soltó un último quejido ahogado… y luego, silencio.
La sangre descendía lentamente por los carámbanos, resbalando hasta el suelo en hilos oscuros.
Haruka se quedó quieta, observando, asegurándose de que no quedara ni el más mínimo indicio de vida. Solo cuando todo estuvo en calma, exhaló suavemente y cerró el abanico, devolviéndolo con cuidado a su abrigo.
—Lo siento… ojalá hubiéramos llegado antes.
Sin mirar atrás, giró sobre sus talones y comenzó a correr de regreso. Mochi y la otra chica la esperaban.