Después de eso, pasamos varias horas entrenando. Haruka me estuvo ense?ando cómo usar correctamente mis nuevas armas. Según lo que entendí, para utilizar hechizos se emplea un tipo de energía mística llamada éter. Las anomalías están compuestas de esta misma energía.
Otra cosa que aprendí es que uno de los requisitos fundamentales para ser agente de OHRA es la capacidad de manipular el éter. Cuando le pregunté a Haruka cómo sabían si alguien era capaz de hacerlo, ella me respondió que si puedes sentir el éter, entonces también podrás manipularlo. A partir de ahí, el nivel al que lo manejes depende del talento y entrenamiento de cada persona.
La extra?a sensación que sentía al mirar mis nuevas armas eran los restos de la voluntad de aquel gato, manifestados a través del éter. Una persona común no se habría percatado de que estaba siendo influenciada, simplemente porque no sería capaz de sentir esa energía. Así que la buena noticia es que, mientras yo sea consciente de esa influencia, no debería afectarme. O al menos, eso espero...
Cuando el sol comenzó a ponerse, decidimos dar por terminado el entrenamiento. Logré algunos avances: ahora, si me concentro, puedo sentir el éter en un radio de algunos metros a mi alrededor.
—Has avanzado bastante, Mochi —me felicitó Haruka—. Si continúas entrenando con disciplina, mejorarás tu sensibilidad al éter, e incluso podrías empezar a despertar la habilidad especial de tu arma.
Aunque me halague, todavía estoy muy lejos de su nivel. Haruka es capaz de percibir el éter sin necesidad de concentrarse, de manera casi inconsciente, y a más de cien metros de distancia. Además, su abanico posee una habilidad única: fue forjado a partir de una Yuki-onna, una poderosa anomalía que ella derrotó cuando era más joven. Gracias a eso, ahora puede manipular el hielo a voluntad.
La habilidad de mis armas aún es un misterio. Cada arma creada a partir de una anomalía hereda una habilidad única, pero esta solo se manifiesta cuando el portador logra alcanzar un cierto grado de sincronía con ella. Todavía falta para que llegue ese momento.
—Mochi, es hora de partir a tu primer encargo como agente. Esta será la única vez que podré acompa?arte. Ofelia decidió que, debido a nuestra cercanía, no confía en que yo pueda entrenarte correctamente. Cree que podría ser demasiado sobreprotectora contigo. Así que aprovecharé esta única oportunidad para ense?arte todo lo que pueda antes de que te asignen un nuevo guía.
—Ya veo… Qué lástima no poder ir juntas en más misiones. Entonces aprovecharé hoy para divertirme contigo.
—?Mochi! Esto no es un juego. No puedes tomar los encargos a la ligera o podrías salir lastimada. ?Entendiste?
—Sí, sí, ya entendí… Entonces dime, ?de qué trata esta misión?
—Haa… —suspiró, resignada—. Hoy me aseguraré de vigilarte de cerca. El encargo es uno bastante común: debemos revisar una ubicación sospechosa. En este caso, se trata de un túnel viejo, ese que está en la antigua carretera que rodea la monta?a. Desde que se construyó la nueva autopista, ese camino quedó prácticamente en desuso, convirtiéndose en el lugar perfecto para que una anomalía lo habite: apartado, oscuro y sin tránsito… ideal para crecer en silencio.
Además, se han reportado algunas desapariciones en la zona. Nuestra misión será investigar y, si nos topamos con la anomalía, debemos eliminarla.
Haruka se puso de pie y comenzó a alistarse para partir. Yo también me apresuré a prepararme. Una vez listas, salimos rumbo a la parada del autobús. Aquel túnel se encuentra fuera de la ciudad, por lo que nos tomará aproximadamente una hora llegar en bus. Por suerte, mis padres no regresarán a casa hasta tarde hoy, así que no debo preocuparme por la hora de volver.
***
A pocos metros del lado norte del túnel, tres jóvenes se reunían: dos chicos y una chica. Caminaron hasta detenerse frente a una antigua cabina telefónica. La zona estaba casi completamente sumida en la oscuridad. Las farolas de la calle, oxidadas y corroídas por el tiempo, llevaban a?os sin funcionar. La carretera, cuarteada y llena de grietas, parecía haber sido olvidada hace tiempo.
Y sin embargo, en medio de ese abandono, la cabina telefónica se encontraba en un estado inexplicablemente perfecto. Estaba limpia, iluminada desde el interior, con las paredes y la puerta de cristal completamente intactas, como si alguien la hubiese instalado el día anterior.
—?Supongo que esta es la famosa cabina embrujada? —preguntó Daichi, el primero de los jóvenes, con tono escéptico.
—Obviamente es esta. En el foro se mencionaba una cabina telefónica justo al norte del viejo túnel —respondió Shunji mientras se ajustaba sus gruesas gafas—. ?Acaso ves otra cabina por aquí?
—Cállate, maldito otaku, no te pases de listo —replicó Daichi con irritación, girándose hacia él con expresión amenazante.
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Shunji, sin inmutarse, lo ignoró por completo y se acercó a la cabina.
—Si no fuera por mi investigación, jamás habrías dado con este lugar. Además, el plan era que viniera solo con Miyu, pero tú te colaste a último momento.
—?Por supuesto que me sumé! No iba a dejar que Miyu viniera sola a un sitio tan peligroso, y menos acompa?ada por un enclenque como tú.
—Vamos, dejen de pelear ustedes dos —intervino Miyu con una sonrisa mientras levantaba su cámara—. Primero tomaré unas fotos para mi blog, luego empezamos el ritual.
Miyu Tachibana era, sin duda, la razón por la que dos personas tan diferentes como Shunji y Daichi se encontraban juntos en un lugar como este. Ella era una chica bastante popular, en parte gracias a su atractivo físico: tenía un largo cabello liso, de un negro azabache impecable, y unos ojos verdes que brillaban como si tuvieran luz propia. Pero lo que realmente destacaba en ella era su personalidad: alegre, curiosa, algo excéntrica… y con una inusual obsesión por lo paranormal.
Miyu administraba un blog en el que recopilaba todo tipo de mitos urbanos, leyendas urbanas y sitios embrujados. Luego visitaba personalmente cada uno de esos lugares para investigar si había algo real detrás de las historias. Hasta ahora, todos habían sido decepcionantes, pero ella esperaba con entusiasmo que esta vez fuera diferente.
—Chicos, ?no les parece rara esta cabina? No lo digo solo porque parezca nueva, sino porque se siente... extra?a. Siento que hay algo verdaderamente inusual en ella —dijo Miyu mientras observaba con atención el interior iluminado.
—Yo no siento nada raro —respondió Shunji encogiéndose de hombros.
—No tengas miedo, Miyu. A diferencia de este otaku, si pasa algo, yo puedo protegerte.
Shunji replicó con burla mientras se sentaba en el suelo.
—Los músculos no lo son todo. Lo mejor en la vida es tener cerebro. ?C-E-R-E-B-R-O!
Con calma, desenrolló una hoja de papel con las letras del abecedario escritas en ella. Colocó una moneda en el centro y, de su mochila, sacó una vela roja que encendió y colocó a un lado del círculo improvisado.
—Ya está todo listo. Podemos comenzar el ritual.
Tras sus palabras, Daichi, a rega?adientes, y Miyu, entusiasmada, se sentaron en círculo junto a Shunji. Los tres pusieron el dedo índice sobre la moneda y comenzaron el ritual, haciendo preguntas en voz baja, esperando recibir alguna respuesta... o una se?al del más allá.
Pasaron los minutos en silencio. Aparte del murmullo del viento y los chasquidos de la vela, no ocurrió absolutamente nada. Media hora después, la impaciencia estalló.
—Esto es una pérdida de tiempo. ?Es obvio que no pasará nada! Nos hiciste venir aquí para nada, otaku —se quejó Daichi, poniéndose de pie con fastidio.
—?Cállate! Mi investigación sobre este lugar era correcta.
Riiiing... Riiiing…
La discusión se interrumpió de golpe cuando el sonido agudo del teléfono público comenzó a sonar.
Los tres se quedaron congelados. Nadie se atrevió a moverse. Solo miraban fijamente la cabina, como si en cualquier momento algo fuera a salir de ella.
Riiiing... Riiiing…
—?Es el espíritu! ?Estoy segura! Está respondiendo al ritual —exclamó Miyu con los ojos brillando de emoción. Era su primer contacto real con algo paranormal.
—?Qué debemos hacer? ?Alguien debería contestar? —preguntó con ansiedad, mirando a los chicos.
—Lo haré yo, Miyu. Después de todo, no le tengo miedo a un teléfono público —dijo Daichi con voz firme.
Pero a pesar de su aparente valentía, sus pasos fueron lentos y rígidos. Cada movimiento lleno de tensión. Al llegar a la cabina, extendió la mano con cautela y abrió la puerta. Entró, respiró hondo para calmar los latidos acelerados de su corazón y lentamente tomó el auricular, llevándoselo al oído.
?Kukuku...!
Una risa macabra resonó desde el teléfono, helando la sangre de quien la escuchara. En ese instante, la puerta de la cabina se cerró de golpe, atrapando a Daichi en su interior.
—??Qué...?! —gritó, forcejeando con desesperación.
Trató de abrir la puerta, empujándola con todas sus fuerzas, pero no se movía ni un milímetro. Estaba atrapado.
—?Ayúdenme! ?La puerta... la puerta no se abre! ?Está atascada! —gritó Daichi con desesperación desde el interior de la cabina.
Miyu y Shunji corrieron hacia él y comenzaron a forcejear con la puerta, intentando abrirla con todas sus fuerzas, pero no lograron moverla ni un centímetro.
—?Aaaagh! —El grito de agonía de Daichi los detuvo en seco.
Se arrodilló en el suelo de la cabina, llevándose ambas manos al estómago mientras gritaba sin cesar, su voz cargada de un dolor indescriptible.
—?Hazte a un lado, Miyu! —ordenó Shunji con decisión.
La empujó suavemente hacia atrás y, sin perder tiempo, levantó una pesada roca que había tomado del suelo. La arrojó con fuerza contra la puerta de cristal. Ambos se prepararon para el sonido de vidrio quebrándose... pero este nunca llegó.
La roca impactó la superficie con un golpe seco, sin dejar ni una grieta. Ni siquiera una marca. El cristal seguía intacto, como si fuera irrompible.
Los gritos de Daichi continuaban, ahora acompa?ados de un sonido húmedo y viscoso, como carne siendo desgarrada lentamente. Un crujido seco y antinatural se escuchó, como si rompieran ramas gruesas con violencia.
El último grito de Daichi fue corto, agudo... y se cortó de golpe.
?PLOSHK!
En ese instante, el cuerpo de Daichi estalló dentro de la cabina con un sonido espeso y repugnante. El interior se cubrió de un rojo oscuro, una mezcla densa que empapó las paredes de cristal como si hubieran volcado un balde de sangre desde lo alto. Un hilo espeso comenzó a deslizarse lentamente por debajo de la puerta, arrastrando consigo algo más que sangre.
—?GYAAAAAAA! —El grito de terror de Miyu rompió el silencio que había quedado tras la explosión.
***
Después de una peque?a caminata desde la parada del bus, Haruka y yo finalmente llegamos a la entrada sur del túnel.